¿De qué hablas con tu hijos? Los cinco niveles de comunicación

de-que-hablas-con-tus-hijosDurante el día todos tenemos muchísimas conversaciones con nuestros hijos. Hablamos de cómo les ha ido el colegio, de sus amigos, de sus juegos. Pero no todas tienen el mismo nivel de profundidad y no todas son igualmente de beneficiosas para ellos.

En las conversaciones se pueden dar 5 niveles de profundidad.

  • El primer nivel es cuando hablamos de las cosas.
  • En el segundo nivel hablamos de otras personas.
  • El tercero es cuando hablamos de nosotros.
  • El cuarto nivel es cuando comunicamos sentimientos.
  • Pero hay algo mejor. El nivel más profundo de una conversación. Aquel en el que hablamos de los sentimientos que hay entre nosotros.
    ¿Y si además se lo digo en positivo?… ¡imaginaros!
    Muchas gracias por hacerme caso y recoger la habitación sin quejarte. Me he sentido muy querido. Esto es una bomba de autoestima. Y lo querrá repetir más veces.

Depende de lo que hablemos, nuestro grado de profundidad con él será uno u otro… Y si esto condiciona tanto la relación… ¿por qué no pensar también de qué hablamos con nuestra pareja y a qué nivel?

Alex Visús
Coach familiar, educativo y de pareja¿De qué hablas con tu hijos? Los cinco niveles de comunicación

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Juzgar: un arma de doble filo para nuestros hijos

Corregir es un arte. Un arte de compasión y empatía, que nunca incorpora el verbo “juzgar”. Solo se corrige de verdad cuando ante un comportamiento erróneo, ayudamos a nuestros hijos a detectar por sí mismos el error e identificar sus necesidades y les animamos a buscas alternativas. Este es el único procedimiento. No hay más.

Cuando les juzgamos y criticamos desde una situación de superioridad, sin conectar con las necesidades que les han llevado a obrar así, solo conseguimos que ellos mismos se critiquen y que juzguen duramente a los demás, bloqueando la capacidad creativa de resolución de conflictos.

Los tres primeros años y la empatía


Bruce Perry del Baylor College of Medicine demostró en su investigación que nuestros hijosconstruyen durante los primeros 3 años de vida su capacidad tanto para la empatía como para su tendencia a la estrechez emocional, en función de la atención que les procuraron sus cuidadores.

Los niños que no vieron satisfechas sus necesidades emocionales entonces es muy posible que no desarrollen la necesidad de ser sensibles a las necesidades emocionales de los demás.

Y existe en los seres humanos una necesidad básica: la de no ser juzgado. La de ser respetado por lo que es, independientemente de lo que haga.

Sin objetivos a largo plazo perderás la perspectiva

A veces, el día a día con nuestros hijos se hace cuesta arriba. Debemos luchar contra ellos, contra la sociedad y contra nosotros mismos. Tenemos dudas. Serias dudas sobre si lo que hacemos lo hacemos bien.

¿Voy por el buen camino?, ¿Conseguiré que se convierta en el hombre o la mujer que quiero que sea? ¿No estaré aplicando un método equivocado?

El ilustrador Dum lo interpreta de manera muy ilustrativa en la imagen que te adjuntamos: en educación, hay que perseverar. Hablamos de cambios trascendentes, que involucran a todo el ser humano e incluso a toda la familia, por lo que los resultados se ven a largo plazo. Tanto ellos como nosotros necesitamos un tiempo. Y un espacio para florecer.

Perder la paciencia, querer ver resultados antes de hora, EXIGIR de forma inmediata y no ACOMPAÑAR sicronizadamente son los más grandes errores que podemos cometer en educación: exigir respeto sin ganarlo, exigir que pidan perdón sin sentirlo, exigir obediencia a toda costa sin entender los motivos…

Para no perder la perspectiva, te recomendamos que te hagas esta pregunta: ¿cómo quiero que sea mi hijo cuando cumpla 25 años? ¿En qué hombre o mujer quiero que se convierta? Esta pregunta marcará tus objetivos a largo plazo. Y te dará la fuerza que necesitas para perseverar a pesar de los obstáculos del día a día.

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La importancia de atender en el colegio

Hay que estar atento en el colegio

 

En el aula, es necesaria una atención exhaustiva tanto por parte del alumno como por parte de los educadores. Como alumnos, estar atentos a lo que se dice en clase, permite a los niños captar todos los conceptos para desarrollarlos después a su manera.
Un grado de máxima atención por parte de los educadores también permite detectar el grado de desarrollo de estas inteligencias en cada alumno, con el fin de descubrir las fortalezas personales y apoyar el aprendizaje en ellas. Ese el gran reto de una verdadera educación personalizada. Preparar a cada alumno para que llegue a ser competentemente inteligente en función de sus propias aptitudes, poniendo en juego todos sus recursos.
Este constituiría el primer gran paso del profesor: atender a la manera de trabajar y aprender que demuestra cada alumno, para determinar qué inteligencia o inteligencias se dan en mayor grado de desarrollo, con el fin de utilizarlas como trampolín del aprendizaje.
Las inteligencias múltiples en el aula
¿Cómo lo hacemos? Al igual que en el inicio de cada curso escolar, aplicamos a los alumnos una evaluación inicial que nos ayude a determinar el punto de partida en nuestra programación. Existen test de inteligencias múltiples que, a priori, nos permiten trazar un perfil individual y personalizado del que podemos partir para el planteamiento de actividades afines a cada alumno. La observación directa e indirecta de los niños, a la hora de realizar actividades, completará este perfil.
Debemos optimizar sus recursos individuales al máximo, estimulando las diferentes inteligencias mútiples. Se deben planificar actividades para reconocer las distintas inteligencias, despertarlas, desarrollarlas y utilizarlas para lograr una real comprensión de los contenidos curriculares.
¿Un niño al que no se le dan bien las matemáticas pero que, sin embargo, tiene enormes capacidades artísticas es menos inteligente? ¿O el sistema educativo está diseñado para que solo brillen determinadas inteligencias? ¿Los agentes que participan en la educación saben reconocer las diferentes inteligencias y sacarles todo su potencial? El reto es grande pero los resultados son muy prometedores.
La inteligencia y su desglose en capacidades
Howard Gardner, autor de la teoría de las inteligencias múltiples, defiende el desglose del concepto de inteligencia tradicional como un todo unitario a nivel cognitivo y de medición a través del cociente intelectual en ocho agrupaciones de habilidades o talentos, que desarrolla la persona en mayor o menor grado. Cada individuo es capaz de conocer el mundo de ocho maneras diferentes: a través del lenguaje, del razonamiento matemático, de la visión espacial, del pensamiento musical, del uso del cuerpo para resolver problemas, de un conocimiento y empatía con los demás, de un aprendizaje basado en el método científico y de un conocimiento y control de nosotros mismos. El grado de madurez de estas habilidades es lo que realmente nos diferencia y lo que determina el nivel y la capacidad para solucionar diversos problemas en situaciones complejas.
El sistema educativo debe contemplar esta nueva visión que implica necesariamente una educación personalizada: no todos nuestros alumnos aprenderán de la misma manera y con las mismas estrategias educativas. Es erróneo reconocer a los alumnos como más o menos inteligentes, en realidad son ‘diferentemente inteligentes’, lo que amplía la capacidad pedagógica para los docentes. Lo novedoso es que sin negar el factor hereditario, esta teoría admite y defiende que esas inteligencias, por ser capacidades, se pueden ‘entrenar’.
Si citamos a Gardner definiendo la inteligencia como la capacidad de resolver problemas en diferentes contextos, se puede deducir que la labor del profesor es presentar a sus alumnos situaciones donde puedan desarrollarla convenientemente. La enseñanza debe ser personalizada y dar posibilidad de elección para que cada alumno descubra sus inteligencias más fuertes, y, por tanto, elija el camino que le resulte más apropiado en el aprendizaje.
Tenemos la enorme responsabilidad de ayudar a los niños a descubrir sus potencialidades. Implantar en los centros educativos la cultura de las inteligencias múltiples supone un reto nada fácil. Incluye un importante cambio en los pilares del currículo educativo: programación, metodología y evaluación, ya que la metodología no lo es todo si no está vinculada con el aprendizaje. Como cimiento para que esta aplicación de la teoría de las inteligencias múltiples pueda funcionar en las aulas, es indispensable crear en ellas un clima de afectividad y confianza.
Sara Lladó. Profesora y Coordinadora de Primaria en Colegio Orvalle

¿Conflictos con tus hijos? Conoce nuestra Escuela de Padres

¡Conoce nuestra Escuela de Padres!
Os enseñaremos a comunicaros con vuestros hijos de manera que os escuchen, a hacer preguntas estratégicas que les ayuden a buscar sus propias respuestas, a ofrecerles las experiencias que les fomenten el pensamiento crítico. Os daremos recursos para que sepáis enfrentaros a los problemas que conlleva formar grandes personas.
Los que estéis interesados en recibir más info sobre nuestra Escuela de Padres Cognitum Solohijos o en recibir asesoría pedagógica, contactar en desarrollocognitivo@solohijos.com

¿Te preocupan sus mentiras?

Si la consecuencia por decir la verdad es recibir un gran sermón con juicios de valor  y un enorme castigo, seguramente tu hijo evitará volverla a decir en situaciones posteriores. Así le “animas” a decir mentiras.
Para fomentar la sinceridad y la aceptación de consecuencias, cuando tu hijo sea valiente y diga la verdad ante un hecho negativo, reconóceselo.
Valora su sinceridad y su coraje. Esto no es incompatible con el hecho de que asuma las consecuencias de sus actos pero le reafirma en que, además de su conducta errónea, ha hecho algo positivo y le predispone a aprender de su error.

Puedes decirle algo similar a:

Has sido valiente al decir la verdad y te agradezco que lo hayas hecho. Esto dice mucho de ti y para mí es muy importante saber que puedo confiar en ti. Sin embargo, tu comportamiento ha sido xxx y es justo que…

Cada vez que mienta y “le pilles” trata de hacerle preguntas para que entienda que podría haber solucionado ese problema barajando otras alternativas:

  • ¿Qué es lo que querías conseguir? 
  • En lugar de lo que querías, ¿que has conseguido?
  • Y ahora, ¿te sientes tan contento como te imaginabas?
  • Y si te sientes mal, ¿no crees que podrías haberlo intentado de otra manera? 
  • ¿Cómo crees que te sentirías ahora si lo hubieras intentado de otra manera, aunque tampoco lo hubieras conseguido? ¿Igual que ahora, mejor o peor?
  • Si yo te engañara a ti para conseguir algo que quiero, ¿cómo te sentirías? 
  • ¿Qué crees que siento/pienso cuando tu me mientes?

El objetivo no es solo que no mienta sino que entienda que no es necesario mentir para conseguir su propósito.


Se trata de que desarrolle un pensamiento alternativo y desarrolle criterio ante los problemas.
Las mentiras de nuestros hijos nos pueden dar pie a hablar de búsqueda, planificación y logro de objetivos.
Ayudarles a prever consecuencias y desarrollar un pensamiento divergente.
A desarrollar en ellos conceptos tan abstractos como la sinceridad o el valor.
A hablar del error como oportunidad de mejora.
A establecer un principio de vida común a toda la familia, que desarrolle el sentimiento de pertenencia en todos sus miembros: “En esta casa decimos la verdad aunque nos cueste”

Cualquier conflicto o problema, con las preguntas estratégicas y los objetivos  definidos,  se convierte en una oportunidad para modificar el proceso de pensamiento de tu hijo.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

Cómo ayudar a tu hijo a sentirse seguro de sí mismo

Cómo ayudar a tu hijo a sentirse seguro de sí mismo

Nacen nuestros hijos. Nos forjamos toda clase de ilusiones y sueños con respecto a su futuro. Nada más nacer, buscamos talentos, puntos fuertes, aspectos positivos en común con nosotros mismos.

Comenzamos a moldear su futuro en nuestra mente. Aquí empezamos a crear expectativas poco realistas porque apenas conocemos a nuestro hijo.
Al principio nuestro hijo crece obediente porque, sencillamente, es pequeño. No conoce otro camino y además cree en nosotros. Iría al fin del mundo con tal de conseguir nuestro afecto. Nuestro reconocimiento y nuestro cariño es lo que le ayudan a crecer. Y a vivir.

 Pero llega un momento que debes preguntarte: ¿tiene mi hijo miedo de perder mi afecto?

Si tu hijo hace las cosas para ganar tu valoración, nunca crecerá en libertad. Puede crecer sumiso, vulnerable, pasivo o rencoroso.

Todos conocemos casos de adultos que ya con una familia formada y todo un bagaje personal, todavía son dependientes afectivamente de sus ancianos padres.

Frases que debes y no debes pronunciar nunca para evitar la dependencia emocional de tu hijo.
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5 pautas para soltar amarras:
  • Nunca eduques a tu hijo para que te necesite; tan solo para que te quiera. Nuestro egoísmo, nuestras propias carencias personales hacen que, de manera inconsciente a veces, eduquemos en la dependencia afectiva. Les hacemos sentir mal para que no se alejen de nosotros, para que en algún momento paguen por todo lo que hemos invertido en ellos.
  • Intenta que consiga las cosas gracias a él mismo y que lo valore como tal. Si tienes que ayudarle, que nunca crea que es solo merito tuyo o que sin ti nunca lo habría conseguido. Hazle las reflexiones oportunas. No le ayudas ayudándole cuando puede hacer las cosas por sí solo. Si fracasa, aprenderá. Si tiene éxito, será por sus propios méritos y se sentirá orgulloso de sí mismo.
  • Tu hijo no es una extensión de ti mismo. Le has dado la vida pero ahora la vida es suya. No pierdas esto de vista. Educar es darle la mano, no encadenarlo.
  • Nunca le compadezcas. Elimina de tu vocabulario emocional el término pobrecito. No es un pobrecito sino un niño que está en formación, que a veces acierta y otras fracasa y que precisamente eso es lo que le permite madurar.
  • Valora y motiva en lugar de elogiar. Describe las tareas positivas, reconociendo su parte de implicación: Felicidades por el excelente; has invertido mucho esfuerzo en ese trabajo de investigación y te mereces esa nota. Si le elogias solo por el excelente, ¿cómo crees que se sentirá cuando la próxima vez no lo consiga? Puede creer que tu cariño depende de sus resultados, no de su persona.

Elena Roger Gamir

¿De qué hablas con tu hijos? Los cinco niveles de comunicación

Durante el día todos tenemos muchísimas conversaciones con nuestros hijos. Hablamos de cómo les ha ido el colegio, de sus amigos, de sus juegos. Pero no todas tienen el mismo nivel de profundidad y no todas son igualmente de beneficiosas para ellos.

En las conversaciones se pueden dar 5 niveles de profundidad.

  • El primer nivel es cuando hablamos de las cosas. Del partido de fútbol, de los deberes, de los cuentos, de la comida. Este es el nivel más superficial de una conversación.
  • En el segundo nivel hablamos de otras personas. De lo que ha hecho su amigo, la profesora, el vecino del 5º o la madre de mi amiga.
  • El tercero es cuando hablamos de nosotros. Le explico a mi hijo lo que me ha pasado en el trabajo o a qué jugaba cuando era pequeño. O mi hijo me explica a qué está jugando, cuál es su cuento preferido o lo qué ha hecho en el colegio.
    En este nivel ya compartimos algo de intimidad y nos aproximamos afectivamente. Yo conozco algo más de él y él de mi.
  • El cuarto nivel es cuando comunicamos sentimientos. Me explica cómo se siente cuando su amiga juega con otras niñas o cuando no juega de titular en su equipo. Yo le explico lo bien o mal que estoy con una persona; lo triste que estoy por la enfermedad del abuelo; lo cansado que llego del trabajo o lo orgulloso que estoy de él porqué ha ayudado a su hermanito.
    En este nivel ya compartimos algo más. Compartimos nuestros sentimientos y al hacerlo le estamos diciendo al otro que confiamos en él, por eso compartimos nuestra intimidad. Este es un buen nivel de comunicación y ayuda a estar más unidos y a querernos más.
  • Pero hay algo mejor. El nivel más profundo de una conversación. Aquel en el que hablamos de los sentimientos que hay entre nosotros. Ya no hablo del tiempo, ni del abuelito, ni de lo que he hecho esta tarde, ni de lo contento que estoy. Hablamos de lo que sentimos el uno por el otro. Y en este momento aparece la magia. Nos hacemos vulnerables al otro y dejamos nuestro corazón, nuestra intimidad en sus manos y demostramos que nos queremos. Al decirle que le quiero y por qué le quiero estoy fortaleciendo ese amor y construyendo vínculos afectivos, fundamentales para su crecimiento emocional y su desarrollo integral.
    Al decirle que estoy disgustado porque me ha contestado mal o que me siento ignorado cuando le digo tres veces que venga a cenar y no viene le estoy abriendo mi corazón y le digo dónde me duele.
    ¿Y si además se lo digo en positivo?… ¡imaginaros!
    Muchas gracias por hacerme caso y recoger la habitación sin quejarte. Me he sentido muy querido. Esto es una bomba de autoestima. Y lo querrá repetir más veces.

Depende de lo que hablemos, nuestro grado de profundidad con él será uno u otro… Y si esto condiciona tanto la relación… ¿por qué no pensar también de qué hablamos con nuestra pareja y a qué nivel?

Alex Visús
Coach familiar, educativo y de pareja

 

¿Conflictos con tus hijos? Conoce nuestra Escuela de Padres

¡Conoce nuestra Escuela de Padres! Os enseñaremos a comunicaros con vuestros hijos de manera que os escuchen, a hacer preguntas estratégicas que les ayuden a buscar sus propias respuestas, a ofrecerles las experiencias que les fomenten el pensamiento crítico. Os daremos recursos para que sepáis enfrentaros a los problemas que conlleva formar grandes personas. Los que estéis interesados en recibir más info sobre nuestra Escuela de Padres Cognitum Solohijos o en recibir asesoría pedagógica, contactar en desarrollocognitivo@solohijos.com

Comunicarse con los adolescentes, ¿misión imposible?

Comunicación con adolescentes: misión imposible

Muchos padres están frustrados con el nivel de comunicación con sus hijos adolescentes. Se sienten distantes y confusos ante el comportamiento de sus hijos y piensan, ¿por qué no me da más que una palabra por repuesta – sí, no, no sé? ¿parece que si yo digo blanco, ella diga negro? ¿por qué siempre están de mal humor?

Los adolescentes, por razones de su desarrollo, siempre están buscando maneras de separase de la generación de sus padres. Puede ser con su estilo de vestir, su corte de pelo, su manera de hablar o su actitud. A veces, esta búsqueda puede molestar a los padres o crear problemas en la familia. Esto puede pasar cuando los adolescentes están probando ideas o acciones que son distintos o entran en conflicto con los valores y normas de la familia.

Obviamente, en esos casos, la comunicación con los adolescentes puede ser más difícil o parecer imposible. Pero, si los padres entienden más sobre el desarrollo del adolescente y conocen las razones por las que tienen un comportamiento que parece conflictivo, podrán adaptar su manera de hablar con el adolescente, aumentando el porcentaje del mensaje que el adolescente va a escuchar.

La perspectiva de los adolescentes

El problema principal de comunicación entre padres e hijos adolescentes es la diferente perspectiva entre ellos. Los adolescentes todavía están creciendo y cambiando. Tienen una experiencia vital limitada. En algunos casos, pueden tener opiniones sobre varios temas o maneras de vivir que han llamado su atención, pero no tienen ni idea de su funcionamiento o de su significado. Normalmente, su interés por determinados asuntos viene motivado más por cómo se sienten que por el significado. Normalmente, su interés por determinados asuntos viene motivado más por cómo se sienten que por el significado real de ese asunto en concreto.

Los adolescentes tienen una vida interior muy rica. Esta parte de su vida incluye lo que piensan sobre quiénes son, cómo se sienten con ellos mismos, y qué opinan de la relación que tienen con los que se rodean (familiares, amigos, integrantes de su entorno más cercano, etc.). Los temas intrapersonales giran en torno al diálogo interno que mantienen con sí mismos sobre cómo viven su vida y sobre sus deseos y pensamientos más íntimos.

Los adolescentes, a medida que van creciendo y se van haciendo más independientes, se sumergen cada vez más en relaciones que han establecido fuera de las fronteras de la familia. Y todo esto lo hacen con menos información de contexto, menos experiencia vital y más egocentrismo, debido a los procesos evolutivos normales que lleva aparejada la adolescencia. Esto implica que deciden lo que van a hacer de manera diferente de cómo lo harían sus padres.

Por lo tanto, los padres no deben comparar los actos de su hijo adolescente con lo que ellos habrían hecho si hubieran estado en la misma situación porque, sencillamente, no sería una comparación justa. En lugar de esto, después de ser testigos de la decisión que el adolescente ha tomado, deberían intentar comprender el comportamiento. Identificar las ideas y acciones más importantes, el significado que les ha dado el adolescente, la situación en la que se han presentado y el papel que han jugado los valores, objetivos, percepciones, ideas, sentimientos y reglas del adolescente en su toma de decisiones sobre dichas ideas y acciones.

Solo en ese momento los padres serán capaces de comprender los procesos mentales que le llevaron a actuar como lo hizo y le podrán orientar para que en un futuro tome decisiones más informadas. Más importante aún, este proceso permite a los padres ver cómo va madurando el adolescente y cómo va creciendo su conciencia de sí mismo y del mundo que le rodea.

Errores y malas decisiones en la adolescencia

El problema principal de comunicación entre padres e hijos adolescentes es la diferente perspectiva entre ellos. Los adolescentes todavía están creciendo y cambiando. Tienen una experiencia vital limitada. En algunos casos, pueden tener opiniones sobre varios temas o maneras de vivir que han llamado su atención, pero no tienen ni idea de su funcionamiento o de su significado. Normalmente, su interés por determinados asuntos viene motivado más por cómo se sienten que por el significado real de ese asunto en concreto.

Los adolescentes tienen una vida interior muy rica. Esta parte de su vida incluye lo que piensan sobre quiénes son, cómo se sienten con ellos mismos, y qué opinan de la relación que tienen con los que se rodean (familiares, amigos, integrantes de su entorno más cercano, etc.). Los temas intrapersonales giran en torno al diálogo interno que mantienen con sí mismos sobre cómo viven su vida y sobre sus deseos y pensamientos más íntimos.

Los adolescentes, a medida que van creciendo y se van haciendo más independientes, se sumergen cada vez más en relaciones que han establecido fuera de las fronteras de la familia. Y todo esto lo hacen con menos información de contexto, menos experiencia vital y más egocentrismo, debido a los procesos evolutivos normales que lleva aparejada la adolescencia. Esto implica que deciden lo que van a hacer de manera diferente de cómo lo harían sus padres.

Por lo tanto, los padres no deben comparar los actos de su hijo adolescente con lo que ellos habrían hecho si hubieran estado en la misma situación porque, sencillamente, no sería una comparación justa. En lugar de esto, después de ser testigos de la decisión que el adolescente ha tomado, deberían intentar comprender el comportamiento. Identificar las ideas y acciones más importantes, el significado que les ha dado el adolescente, la situación en la que se han presentado y el papel que han jugado los valores, objetivos, percepciones, ideas, sentimientos y reglas del adolescente en su toma de decisiones sobre dichas ideas y acciones.

Solo en ese momento los padres serán capaces de comprender los procesos mentales que le llevaron a actuar como lo hizo y le podrán orientar para que en un futuro tome decisiones más informadas. Más importante aún, este proceso permite a los padres ver cómo va madurando el adolescente y cómo va creciendo su conciencia de sí mismo y del mundo que le rodea.

Errores y malas decisiones en la adolescencia

Los adolescentes en ocasiones cometerán errores y tomarán malas decisiones. Esto es algo que cabe esperar y que forma parte del proceso. A medida que vayan madurando y pasen más tiempo lejos de nosotros, su toma de decisiones les llevará de vez en cuando por el mal camino. En este sentido, es fundamental que los padres desarrollen una tolerancia saludable ante las decisiones que tomen sus hijos adolescentes, pues esto les permitirá aprender a guiarse a sí mismos.

Evidentemente, si el adolescente u otra persona van a sufrir algún tipo de daño o si el adolescente está haciendo algo que se aleja mucho de las normas y los valores de la familia, en ese caso los padres deben intervenir y darle un leve codazo para que rectifique. El proceso de exploración que tiene lugar en la adolescencia no puede conllevar hacerse daño a sí mismo o al prójimo ni tampoco provocar un cisma familiar. Sin embargo, si el adolescente no se está haciendo daño a sí mismo, al prójimo, ni está provocando un cisma familiar, los padres pueden dejar que su hijo adolescente tire un poco de la cuerda para que encuentre su propio camino.

La advertencia que hay que hacer ante esta postura, cuando no haya de por medio ninguna actividad peligrosa, nociva o que ponga en peligro la vida de nadie, es que se debe permitir que el adolescente sufra las consecuencias naturales de sus actos. Sin recate posible. Vivir en primera persona las consecuencias naturales de una mala decisión les permite a los adolescentes aprender de sus errores de una manera real y personal y además les da la oportunidad de idear soluciones, de pedir perdón o de comprender las implicaciones directas que tiene una conducta negligente o inadecuada.

Cuando los adolescentes sufren las consecuencias naturales de sus decisiones y acciones, ganan mucha experiencia vital y esta experiencia ayuda a la comunicación entre los padres y sus hijos adolescentes. Por un lado, los adolescentes pueden entender las opiniones de sus padres mejor porque tienen más experiencia y pueden notar que las consecuencias que los padres anticiparon se han cumplido.

A su vez los padres pueden entender mejor el desarrollo interno de su hijo observando tanto el proceso de toma de decisiones como la repuesta de su hijo a las consecuencias. Esta información puede ayudar a los padres mucho a adaptar su mensaje durante la comunicación con su hijo.

Deanna Marie Mason, experta en educación y salud familiar. Autora del blog Dr. Deanna Marie Mason. Un enfoque educativo sobre la adaptación

Leer mas: http://www.hacerfamilia.com/adolescentes/comunicacion-adolescentes-comunicacion-familia-dialogo-20170704150820.html

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