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Cómo enseñar a nuestros hijos a apreciar los valores. Consejos prácticos

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La asimilación de valores por parte de los hijos se produce a partir de dos procesos de actuación que los padres podemos ofrecer de manera correlativa. Un proceso de inmersión cuando son pequeños, en el que nuestro ejemplo de padres les induce a imitar nuestra conducta, y un proceso de convicción intelectual, cuando empiezan a ser mayores, en el cual se les convence por la fuerza de la razón, mediante el diálogo.

  • Si nuestros hijos son menores de 12 años, debemos dedicar el mayor tiempo posible a la convivencia de la familia. Intentar vivir juntos los tiempos de ocio y de diversión. Será tiempo invertido en la comunicación de valores.
  • Potenciar la relación de nuestro hijo pequeño con otros niños de familias con las que compartamos valores y criterios. Invítalos a casa, deja que vayan a sus casas, organiza actividades de ocio conjuntas.
  • Llevar a nuestros hijos a un colegio que recoja en su proyecto los valores que apreciamos como fundamentales. Podemos hablar con su profesor si observamos alguna incongruencia.
  • Intentar conseguir, por medio de la repetición de actos, hábitos personales y de relación social en nuestros hijos pequeños.
  • Intentar conocer los lugares y los ambientes que frecuenta nuestro hijo y los ejemplos que se le ofrecen en ellos. Dialogar con él sobre la incongruencia de los ejemplos que consideramos opuestos a los valores que prevalecen en nuestra familia.
  • Una estrategia interesante para dialogar con nuestros hijos es hacerlo mientras hacemos juntos alguna una actividad manual. Por ejemplo cuidar plantas, arreglar una ventana, pintar una habitación…
  • Ver la televisión con nuestros hijos. Aprovechar para escuchar, hacer comentarios y debatir con ellos escenas, expresiones o ausencias.
  • Dedicar tiempo a no ver la televisión y a debatir sobre algún tema de actualidad.

Fuente: www.solohijos.com
José María Lahoz García

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Había una vez unos Reyes Magos que no traían regalos sino valores…

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“Me lo pido” y “me lo pido” y “esto también me lo pido”. Se piden todo lo que ven. Lo que es bonito. Lo que brilla. Lo que hace ruido. Lo que tienen los demás. Lo que les permitirá ser la envidia de sus amigos. Lo que creen que les hará ser y sentirse diferentes. Se piden lo que ven en la tele o en los catálogos. Lo que aparece estratégicamente colocado a su altura en las estanterías de los almacenes. Generalmente se piden todo en ocasiones normales pero en Navidad ya hay “barra libre”.

Cada año decimos lo mismo: este año regalaremos con más criterio”, “el año pasado tuvo demasiadas cosas”, “no hizo caso de la mitad de los regalos”, “le duraron dos días y los abandonó”…
Antes de empezar la fuerte presión de la campaña de ventas de Navidad, queremos recordaros que vuestros hijos no necesitan tantas sorpresas, ni tantas cosas, ni tantas novedades… Necesitan una persona que les haga reflexionar sobre la diferencia entre capricho y necesidad, que les diga con claridad supina que las cosas no se dejan de comprar porque sean caras sino porque no se necesitan o que antes de satisfacer nuestros caprichos deberíamos plantearnos si los demás tienen sus necesidades básicas cubiertas.

En el siglo XXI, con el caos social, económico y político que existe cerca y lejos de “nuestra casa” deberíamos disfrutar de la Navidad, por supuesto, con todos los extras que eso conlleva, pero sin olvidar que nuestros hijos viven en este mundo globalizado, donde no es coherente vivir a ciegas de cómo viven los demás. No se trata tampoco de amargarles las Navidades ni hacerles sufrir. Tan solo de abrirles un abanico de posibilidades a la hora de hacer la carta a los Reyes Magos en las que incluyan no solo un regalo simbólico para un niño menos afortunado que él sino una acción que tenga trascendencia cognitiva y emocional en él. Y para los demás.

Dos proyectos para pensar en “grande” en Navidad


  1. Te proponemos regalar a tu hijo un apadrinamiento. Es una forma de ayudar a un niño sin recursos económicos, en otra ciudad o país del mundo. Este apadrinamiento le permite, no solo comer cada día, recibir una educación y tener un futuro, para él y su familia. Para el niño apadrinado saber que existe al otro lado del mundo una persona que se preocupa por él es “media vida” pues su pobreza no es solo económica sino familiar y social también. Nosotros apadrinamos con Nuevos Pasos desde hace más de 15 años y por eso te recomendamos sin ninguna duda este proyecto.
  2. Otro proyecto interesante es ”Reyes Magos de verdad”, una página web montada por 7 amigas en su inicio que lanzaron un día un email a sus contactos para conseguir regalos a un centro de niños sin familia y que ahora llega a 5.000 niños y 800 ancianos.

Solidaridad e inteligencia


Si sabemos mirar y ver los detalles, si enseñamos a nuestros hijos a interpretar los indicios podemos encontrar gran cantidad de proyectos de ayuda cerca de nuestra casa. A veces, con los abuelos. Con nuestros amigos. Con la persona que ayuda en casa. Con un hermano. Con un vecino o con el dueño de la pequeña frutería de la esquina.
Ver lo invisible e interpretarlo nos hace a todos, no solo más humanos, sino también más inteligentes.

Fuente: www.solohijos.com
Elena Roger Gamir