Archivo del sitio

Luchas de poder entre padres e hijos

Luchas de poder entre padres e hijos

Las luchas de poder entre padres e hijos son complicadas de solventar y por eso preocupan tanto a los padres. Si a esto sumamos que podemos tener un hijo tirano la cosa se puede torcer aún más. Pero, ¿qué hay detrás de las luchas de poder entre padres e hijos y qué consecuencias pueden tener en las relaciones familiares cuando no se solucionan? ¿Qué papel tenemos que adoptar los padres en las luchas de poder?

Las luchas de poder y los límites

Las luchas de poder entre padres e hijos tienen lugar porque no se han aclarado suficientemente los límites que existen en casa. Carmen Magro, psicóloga educativa y directora del Colegio Parque en Galapagar (Madrid), explica que “los límites se empiezan a poner cuando el niño tiene meses de vida”, sostiene Magro, que está convencida de que el problema llega si ponemos los límites cuando las cosas empiezan a complicarse. Entonces puede ser demasiado tarde. Por eso, la psicóloga recomienda poner límites y marcar normas antes de que el niño alcance la Educación Primaria. “A partir de Primaria, si no hay límites, el problema se convierte en algo muy gordo”.

Las luchas de poder y los castigos

Cuando una lucha de poder tiene lugar y el niño se encasilla en él “yo mando más”, se le puede castigar, pero no siempre es conveniente. Tenemos que pensar que si el niño se rebela quizá sea porque no le estamos dedicando el suficiente tiempo. O tal vez si lo hacemos, pero no de la manera acertada. “Si cuando estamos con ellos estamos más al ordeno y mando que a jugar y a disfrutar, los niños se rebelan”, dice Magro.

En este sentido, la experta se remite a un estudio que demuestra que pasar una hora más al día con nuestros hijos reduce en un 50 por ciento el tiempo que los padres pasan en la consulta del psicólogo por discusiones con el niño, luchas de poder y, en general, problemas en la conducta del pequeño que generan, a su vez, complicaciones domésticas. Para que el niño cumpla los límites establecidos en casa, tiene que sentirse “querido y motivado”, en palabras de Carmen Magro.

La cercanía y la escucha son dos de las claves que hay que dar a un niño para lograr que se comporte adecuadamente. “Si el niño solo se siente mandado y castigado no va a cumplir los límites”, dice Carmen Magro. Lo que nos atañe por lo tanto como padres es encontrar el término medio entre el vicio y el defecto.

Qué hay detrás de cada una de las partes en lucha

Luchas de poder en la familia

Para Carmen Magro, el “aquí mando yo” de uno de nuestros hijos es una forma de rebeldía del niño porque no se le está atendiendo como se merece. De alguna manera, lo que pretende conseguir es llamar nuestra atención. Quiere que le escuchemos, así que no podemos responder a su mandato con un “yo puedo más”. En el otro extremo, según la psicóloga, cuando el padre dice “mando yo” está únicamente atendiendo a su necesidad, pero no a la del niño.

Esa necesidad del adulto de sentirse con autoridad viene bien de vez en cuando, pero no siempre. Si nos comportamos de forma autoritaria en todo momento, lo que estaremos provocando es que los niños tengan o bien una baja autoestima o bien mucha agresividad. Una vez más, la virtud radica en el punto medio.

Las luchas de poder no las motiva el ambiente escolar

Los niños pasan muchas horas en el colegio y el ambiente social que respiran es importante. Por eso, para lograr el equilibrio en su conducta la solución pasa, según Magro, por “encontrar un colegio que acompañe nuestra manera de educar”. La experta señala que la base de la educación está en casa si bien reconoce que en todo momento es necesario un trabajo conjunto entre padres y educadores. La familia, insiste, tiene que seguir las pautas que recibe de los profesores para que el proceso educativo pueda ser efectivo. En España tenemos una oferta educativa suficientemente amplia y variada como para seleccionar solo la opción idónea.

Las luchas de poder se reducen si padres y profesores trabajan juntos

En caso de conflicto entre nuestro hijo y algún compañero, lo que no podemos hacer de ninguna manera es entrometernos. A veces, conviene que nos contengamos si nuestros hijos sufren porque si damos demasiada importancia a sus problemas, aunque tampoco hay que restarles la importancia que para ellos tienen y hacerles ver que son insignificantes, los niños se pueden crecer y tender a exagerar. No hay, por eso, que defenderlos en exceso.

Tenemos que dialogar con ellos y enseñarles a valorar. Carmen Magro lo deja bien claro: “hay que saber gestionar el sufrimiento de los niños para evitar que tiendan a exagerar, cosa que ocurre cuando ven que les hacemos demasiado caso. No hay que sobreproteger a los hijos y tiene que existir un trabajo conjunto entre colegio y familia”.

Fuente: www.hacerfamilia.com
Elisa García

Somos modelos de comportamiento como padres pero también como hijos.

somos-modelos-de-comportamiento-como-padres-pero-tambien-como-hijos1

 

Somos padres. Asumimos nuestra responsabilidad sin ninguna duda y lo damos todo por nuestros hijos. Nos esforzamos tanto por fortalecer, proteger, controlar, corregir, estimular incluso amar que no olvidamos de algo que lo incluye casi todo: ¡dar ejemplo!

Somos modelos de comportamiento como padres pero también como hijos.


De nada sirve hablar a nuestros hijos de generosidad o de perdón si no sabemos perdonar a nuestros padres.
De nada sirve hablar de planificación y de horarios si no encontramos nunca tiempo para ir a verlos.
De nada sirve hablar de empatía, respeto y de autocontrol si perdemos la paciencia con nuestros padres y les hablamos con desprecio.
¿De qué sirve fomentar la flexibilidad mental en nuestros hijos si no sabemos adaptarnos a las nuevas necesidades de nuestros padres ya ancianos?

Aprovechamos este vídeo, no por el motivo navideño evidente, sino para recordaros que en ocasiones nos olvidamos de ser coherentes con nuestro plan de vida. Tenemos demasiadas exigencias, para nosotros y para nuestros hijos, pero quizás deberíamos pararnos a pensar cuáles son prioritarias. Si queremos enseñar a nuestros hijos a ser personas completas, que sepan dar y recibir en su justa medida, debemos plantearnos si somos buenos modelos.

 
www.solohijos.com
Elena Roger Gamir

Cómo proteger a los niños de la violencia

fotonoticia_20151124125901_800

 

Los niños y niñas son especialmente vulnerables a la violencia porque son individuos en desarrollo y la violencia ya sea directa o indirecta deja una huella imborrable en su desarrollo, una huella que les marcará para siempre. Por este motivo, es fundamental saber cómo proteger a los niños y niñas de la violencia, ayudarles a dar sentido a la violencia que ven y/o viven y, de este modo, evitar las consecuencias negativas de ésta en su desarrollo.

La violencia siempre ha estado presente en las sociedades humanas. Hoy en día, continuamos lejos de eliminar los actos violentos y son una nota dominante en las interacciones individuales y grupales que se producen entre las personas y los grupos de personas. La violencia en el mundo se extiende como una plaga y llega a todos los rincones de manera directa o indirecta. Está extensión no es ajena a los más vulnerables, no es ajena a la infancia. Son muchos los niños y niñas que se ven afectados por actos violentos, en el peor de los casos los sufren directamente y en el mejor son testigos de unos actos a los que aún no saben dar una explicación.

¿Qué entendemos por violencia?

La violencia es un concepto complejo, en cuanto que asume diversas formas. Independientemente de la forma asumida, podemos definir la violencia como el acto, conducta, y/o actitud que de forma intencionada se pone en marcha con el fin de causar un daño o sometimiento (físico, psíquico, sexual, verbal…) a otra persona o colectivo, dejando una marca permanente en el desarrollo de la persona/s o colectividad. La violencia es cualquier acción destinada a atentar contra la integridad física, psíquica, sexual o moral de otro ser o grupo.

Las consecuencias de la violencia en los niños y niñas

Cuando los niños y niñas son expuestos a la violencia, ya sea porque la sufren directamente, o porque la presencian diariamente, se produce un impacto en su desarrollo, un impacto que deja su huella silenciosa para siempre.

Una reciente investigación de la universidad de Londres, dirigida por el Dr. Eamon McCrory, demuestra que los niños y niñas que han sido víctimas directas del maltratoaprenden un patrón para protegerse y se vuelve hipervigilante. Las áreas cerebrales encargadas de detectar amenazas, son más sensibles y activan la alerta con mayor frecuencia, provocando un gran desgaste emocional y cognitivo y genera un nivel de ansiedad muy intenso. Los investigadores afirman que la reacción de los niños y niñas es la misma que la de los soldados tras la guerra.

Los peligros de esta activación son indiscutibles, desde trastornos del estado de ánimo como ansiedad, ataques de pánico, hasta trastornos del comportamiento, no es raro que estos niños y niñas respondan con violencia, hasta trastornos fóbicos, etc.

Consejos para proteger a los niños y niñas de la violencia

No podemos protegerles de la violencia en un mundo donde está es una realidad tan extendida, pero si podemos protegerles de sus consecuencias y educarles para prevenir que sufran actos violentos.

1.   Prevención y concienciación. Para evitar que los niños y niñas sufran la violencia y sean víctimas de cualquiera de sus manifestaciones (maltrato, abuso, acoso, etc.) es fundamental educar para la prevención y la concienciación. Enseñarles a poner límites, a decir que no y a condenar estos actos. Es muy importante que sepan reconocer los actos de violencia y que sepan pedir ayuda.

2.   Educación emocional y en valores. Para protegerles de las consecuencias de la violencia cuando están expuestos a ellas de manera indirecta es muy importante una educación emocional y una educación en valores que les haga posible el desarrollo de la resiliencia y de un criterio que les permita dar sentido a las situaciones vividas. Esto no implica aceptarlas, sino saber condenarlas desde la paz.

La violencia en el mundo civilizado

La violencia debería estar erradicada en nuestro mundo “civilizado”, que aparentemente defiende unos valores contrarios. En un mundo civilizado donde las personas nos diferenciamos de los animales, precisamente por nuestra capacidad de razonar, de no dejarnos llevar por impulsos primarios, por ser tolerantes y ser así capaces de comprender la diferencia. En una sociedad donde las personas somos capaces de colaborar y de comprender que el bien de todos está por encima y resulta más beneficioso que el bien individual, y donde las personas tenemos la capacidad de desarrollar estrategias no violentas para solucionar los conflictos. En un mundo civilizado, donde sabemos todo esto aún no se ha erradicado la violencia.

La violencia crece en sociedades donde se enfatiza la competitividad y los valores individualistas. En este tipo de sociedad se entiende que el fin está por encima de los medios, no importa a quienes, ni cuantos se hagan daño, siempre y cuando se logren los fines propuestos. La ley del más fuerte, implica un sálvese quien pueda, en una lucha por ser el más fuerte, por conseguir los propios objetivos y protegerse de los demás en esta lucha.

El origen de la violencia

La violencia es una característica inseparable de los valores de las sociedades actuales. Vivimos en un mundo violento, con sociedades violentas, donde los niños y niñas sufren y están expuestos a un continuo bombardeo de violencia. Los niños y niñas futuros adultos crecen y se desarrollan en un clima plagado de violencia y se convierten de este modo en el origen de la violencia.

La violencia tiene su origen en los pequeños actos, en el día a día, en las familias y en las escuelas. Esos pequeños actos que dejamos pasar, que observamos pasivamente son el germen de los grandes actos violentos que luego nos sorprenden y escandalizan.

La necesidad de una educación contra la violencia es el origen y la clave para un mundo mejor.

Fuente: www.hacerfamilia.com
Celia Rodríguez Ruiz