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Una idea genial para enseñar a nuestros hijos a pedir las cosas sin gritar

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Cuando mis hijos eran pequeños, les puse un vídeo de dibujos animados en chino. No había traducción. Evidentemente se rieron mucho precisamente por no entender absolutamente nada de lo que decían. Les hacía gracia ver a los dibujos hablar y comunicarse en un idioma en el que no entendían, incluso les parecía ridículo y se reían de ellos.

Ese tema dio para mucho porque durante un tiempo jugaban a hablarse en chino, se hacían bromas y jugaban a “no entenderse”, con todo lo que lleva de absurdo esta incomunicación.
Mi intención al ponerles este vídeo no era arbitraria ni sencillamente divertirles. Buscaba una buena mediación para enseñar a mis hijos la importancia de hablarse con respeto y comunicarse con precisión, sobre todo en momentos problemáticos.
Y ahora entenderéis por qué.

“No te entiendo, me estás hablando en chino”


Cuando más adelante perdían el control hablando conmigo, cuando exigían con gritos las cosas o mostraban agresividad verbal para conseguir sus objetivos, les decía “¿Te acuerdas de aquella vez que vimos los dibujos animados en chino? Pues a mi me pasa igual…ese idioma no lo entiendo, me estás hablando en chino y yo no entiendo el chino; cuando me hables en castellano quizás entienda lo que necesitas”.
Sin necesidad de recordarles la norma (“En esta casa todos nos hablamos con respeto”) ni de sermonearles, les dije subliminalmente que el idioma de la agresividad, de los gritos, insultos o chantajes no obraban el efecto deseado, que no eran admitidos como “idioma” vehicular en nuestrafamilia y que podían hablar “chino” pero que desafortunadamente, a pesar de intentar entenderlos, no podía. Para poder entendernos en nuestra casa había que hablar “castellano”, el idioma que todos comprendemos: el del respeto y el de la negociación.

Actualmente, ahora que ya el pequeño tiene 19 años, todavía hay ocasiones en que les digo: “Ignacio, estás hablando chino y no te das cuenta, prueba en castellano”. Automáticamente entienden que están levantando la voz o imponiendo sus ideas con agresividad, entonces bajan revoluciones y recurren a la comunicación asertiva, aquella que saben por experiencia (ya que desde pequeños han aprendido a hablar en castellano y no en chino) les permite con más posibilidades, aunque no siempre, conseguir sus propósitos sin sentirse mal por ello ni hacer sentir mal a los demás.

¡Aprende a mediar con tus hijos, aprende a hacerles partícipes de su propio cambio!
Y cuidado, no pierdas de vista que tu hijo tampoco entiende el chino…

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

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¿Cómo ayudarle a ser responsable?

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“Si mi madre o mi padre no confían en mi es porque no soy capaz, así que mejor no lo intento porque seguro que me equivocaré”.

Sin confianza no puede haber libertad. Y sin libertad, nuestros hijos no pueden tomar sus propias decisiones. Sin libertad, no puede haber responsabilidad.
Cuando retiras la confianza de tu hijo porque se equivoca, porque comete errores, porque no actúa de acuerdo como tú esperas que lo haga, le estás limitando sus posibilidades de ejercer su libertad.

Él tiene un clarísimo derecho: el derecho a equivocarse. No puede pagarlo quedándose sin tuconfianza. Sin confianza, tu hijo no tiene oxígeno.
Puedes hablar con él, reflexionar y aplicar las consecuencias de su mala decisión. Puedes enfadarte, defraudarte y entristecerte, pero no puedes perder la confianza en él porque equivocarse es parte del aprendizaje. Y es necesario. Sin tu confianza, tu hijo no tendrá fuerzas para crecer fuerte.

Aunque se equivoque, confía en él. Confía en que puede aprender de sus errores porque si no crees en su talento, en sus grandes potencialidades, nunca le darás auténtica libertad. Y sin ella, nunca desarrollará el criterio para decidir correctamente y asumir las consecuencias de sus actos, aprendiendo a encajar las dificultades de la vida.

Lo que necesita cuando se equivoca es tu mediación, no la retirada de tu confianza. Necesita que le ayudes a detectar su error y a que le animes a buscar soluciones.
Por eso, te recomendamos que en las situaciones cuando ha tomado una decisión equivocada utilices estas frases: Frases para asumir errores.
Y cuando acierte, refuerza su buena toma de decisión con frases motivadoras: 40 frases motivadoras para nuestros hijos.

Fuente: www.solohijos.com
Elena Roger Gamir

Luchas de poder entre padres e hijos

Luchas de poder entre padres e hijos

Las luchas de poder entre padres e hijos son complicadas de solventar y por eso preocupan tanto a los padres. Si a esto sumamos que podemos tener un hijo tirano la cosa se puede torcer aún más. Pero, ¿qué hay detrás de las luchas de poder entre padres e hijos y qué consecuencias pueden tener en las relaciones familiares cuando no se solucionan? ¿Qué papel tenemos que adoptar los padres en las luchas de poder?

Las luchas de poder y los límites

Las luchas de poder entre padres e hijos tienen lugar porque no se han aclarado suficientemente los límites que existen en casa. Carmen Magro, psicóloga educativa y directora del Colegio Parque en Galapagar (Madrid), explica que “los límites se empiezan a poner cuando el niño tiene meses de vida”, sostiene Magro, que está convencida de que el problema llega si ponemos los límites cuando las cosas empiezan a complicarse. Entonces puede ser demasiado tarde. Por eso, la psicóloga recomienda poner límites y marcar normas antes de que el niño alcance la Educación Primaria. “A partir de Primaria, si no hay límites, el problema se convierte en algo muy gordo”.

Las luchas de poder y los castigos

Cuando una lucha de poder tiene lugar y el niño se encasilla en él “yo mando más”, se le puede castigar, pero no siempre es conveniente. Tenemos que pensar que si el niño se rebela quizá sea porque no le estamos dedicando el suficiente tiempo. O tal vez si lo hacemos, pero no de la manera acertada. “Si cuando estamos con ellos estamos más al ordeno y mando que a jugar y a disfrutar, los niños se rebelan”, dice Magro.

En este sentido, la experta se remite a un estudio que demuestra que pasar una hora más al día con nuestros hijos reduce en un 50 por ciento el tiempo que los padres pasan en la consulta del psicólogo por discusiones con el niño, luchas de poder y, en general, problemas en la conducta del pequeño que generan, a su vez, complicaciones domésticas. Para que el niño cumpla los límites establecidos en casa, tiene que sentirse “querido y motivado”, en palabras de Carmen Magro.

La cercanía y la escucha son dos de las claves que hay que dar a un niño para lograr que se comporte adecuadamente. “Si el niño solo se siente mandado y castigado no va a cumplir los límites”, dice Carmen Magro. Lo que nos atañe por lo tanto como padres es encontrar el término medio entre el vicio y el defecto.

Qué hay detrás de cada una de las partes en lucha

Luchas de poder en la familia

Para Carmen Magro, el “aquí mando yo” de uno de nuestros hijos es una forma de rebeldía del niño porque no se le está atendiendo como se merece. De alguna manera, lo que pretende conseguir es llamar nuestra atención. Quiere que le escuchemos, así que no podemos responder a su mandato con un “yo puedo más”. En el otro extremo, según la psicóloga, cuando el padre dice “mando yo” está únicamente atendiendo a su necesidad, pero no a la del niño.

Esa necesidad del adulto de sentirse con autoridad viene bien de vez en cuando, pero no siempre. Si nos comportamos de forma autoritaria en todo momento, lo que estaremos provocando es que los niños tengan o bien una baja autoestima o bien mucha agresividad. Una vez más, la virtud radica en el punto medio.

Las luchas de poder no las motiva el ambiente escolar

Los niños pasan muchas horas en el colegio y el ambiente social que respiran es importante. Por eso, para lograr el equilibrio en su conducta la solución pasa, según Magro, por “encontrar un colegio que acompañe nuestra manera de educar”. La experta señala que la base de la educación está en casa si bien reconoce que en todo momento es necesario un trabajo conjunto entre padres y educadores. La familia, insiste, tiene que seguir las pautas que recibe de los profesores para que el proceso educativo pueda ser efectivo. En España tenemos una oferta educativa suficientemente amplia y variada como para seleccionar solo la opción idónea.

Las luchas de poder se reducen si padres y profesores trabajan juntos

En caso de conflicto entre nuestro hijo y algún compañero, lo que no podemos hacer de ninguna manera es entrometernos. A veces, conviene que nos contengamos si nuestros hijos sufren porque si damos demasiada importancia a sus problemas, aunque tampoco hay que restarles la importancia que para ellos tienen y hacerles ver que son insignificantes, los niños se pueden crecer y tender a exagerar. No hay, por eso, que defenderlos en exceso.

Tenemos que dialogar con ellos y enseñarles a valorar. Carmen Magro lo deja bien claro: “hay que saber gestionar el sufrimiento de los niños para evitar que tiendan a exagerar, cosa que ocurre cuando ven que les hacemos demasiado caso. No hay que sobreproteger a los hijos y tiene que existir un trabajo conjunto entre colegio y familia”.

Fuente: www.hacerfamilia.com
Elisa García

Verdad y mentiras

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“Se lo he dejado muy claro: puedes mentir a todo el mundo menos a tus padres; en casa se dice siempre la verdad”. “Mi hijo es un mentiroso y siempre lo será. No hay nada que hacer”.

Mentir consiste en no decir la verdad con ánimo de engañar. Pero, así como hay una sola forma de declarar la verdad, la mentira presenta infinitas modalidades.

Se puede ocultar la verdad, disimular la situación, tergiversar la realidad, decir lo que no es o no decir lo que es, hablar de más o de menos, no hacer o no pensar lo que se dice, mantener lo que no se cree, prometer lo imposible, usar la ambigüedad, y un largo etcétera que se resume en no ir con la verdad por delante.

Del fantaseo a la mentira


Los niños hasta los seis años no mienten sino que fantasean, pues su percepción de la realidad es incompleta, se creen lo que dicen y no tienen intención de engañar. Pero a partir de esa edad ya pueden establecer diferencias entre la verdad y la mentira y comienzan a utilizar esta última como un recurso para eludir responsabilidades o evitar castigos. Los padres y la sociedad irán censurando sus mentiras, pero ellos pronto verán que los adultos también las usan. Así pasarán, si nada se lo impide, del mero fantaseo a la mentira pura y dura.

La mentira tiene un atractivo especial debido a su capacidad para cambiar la realidad. Si cuela que yo no he hecho tal cosa, es como si yo realmente no la hubiera hecho.
Si utilizamos mentiras a discreción, aunque sean muy sutiles, leves o piadosas, no habrá máquina que nos oriente porque habremos perdido el referente de la verdad.

Voces de alarma


Un niño puede mentir por muchas razones: para conseguir algo, para eludir un problema o un castigo, para evitar una realidad que no le gusta, para quedar bien delante de los otros, para agradar a sus padres, para llamar la atención, etc. Las mentiras infantiles son voces de alarma sobre otros problemas que quizá no llegamos a detectar.

Por eso, si nuestro hijo o hija utiliza mentiras con frecuencia, debemos analizar cuál es el verdadero motivo por el que miente:

  • Si lo hace para eludir un castigo, deberemos revisar cómo le castigamos.
  • Si descubrimos que no acepta la realidad, tendremos que enseñarle a aceptarla.
  • Si lo que pretende es quedar bien ante los demás o llamar la atención, nos comprometeremos a reforzar su autoestima.
  • Si busca agradar a sus padres, revisaremos nuestras relaciones familiares.

La autoestima es clave para que no necesite mentir. Mientras no se sienta seguro de sí mismo, con mayor facilidad echará mano de las mentiras. Sin necesidad aparente utiliza un subterfugio un tanto absurdo e innecesario; no sabemos por qué lo hace, es entonces cuando podemos sospechar que detrás hay una falta de autoestima. La forma de llenar esa falta pasa por darle seguridad y confianza.

La seguridad se adquiere a través de la confianza. Nuestros hijos se irán dando cuenta de que van ganando más libertad y seguridad conforme más confiemos en ellos, pero si dicen mentiras no podemos darles confianza.

Mentiras contagiosas


  • Las mentiras se contagian, por eso debemos cuidar al máximo el ejemplo que le estamos dando. Si cuando nos reclaman al teléfono nos excusamos con el socorrido: dile que no estoy, porque queremos eludir una llamada inoportuna, estaremos enseñando a mentir a los que están con nosotros; si le decimos que no le diga a papá tal cosa, estaremos ejercitándole en la mentira: la excusa que le podamos dar será todo lo poderosa que queramos, pero el acto de mentir quedará grabado.
  • Dada su facilidad de transmisión, hemos de procurar desterrar la mentira de nuestro hogar.Hemos de esforzarnos por crear un ambiente propicio para la sinceridad, un ambiente de confianza y diálogo. Nuestros hijos deben tener la seguridad de que pase lo que pase, por muy gordo que sea el asunto, nos lo tienen que decir, porque no nos vamos a escandalizar ni vamos a reaccionar de forma violenta. El miedo hace decir muchas mentiras.
  • Si le acostumbramos a que en casa se cuenta todo, lo bueno y lo malo, tenemos mucho ganado. Se puede plantear este juego diario: cada miembro de la familia cuenta lo mejor y lo peor que le ha pasado durante el día. Así generamos un ambiente de confianza y libertad.
  • Resulta muy conveniente ver con ellos la televisión para enseñarles a detectar mentiras. Los guiones de muchas series televisivas se montan sobre un malentendido o una falta de veracidad, que se va enredando hasta que no queda otro remedio que decir la verdad. Generalmente los niños no llegan al final o se quedan con lo divertido que resulta la farsa. Nosotros seremos los encargados de hacérselo ver.

La verdad por delante


Es muy bueno tener sueños y querer mejorar las cosas, pero para ello hay que empezar aceptando la realidad, aunque no nos guste. Hagamos que nuestros hijos prefieran la verdad, que vayan siempre con la verdad por delante. Lógicamente, les tendremos que enseñar a ser asertivos, es decir, a saber decir la verdad de la forma correcta y en el momento oportuno.

  • Antes de que diga la primera mentira, hemos tenido que haberle hablado de la veracidad. Si no tiene un referente, no sabrá cuándo miente y cuándo no.
  • Pero no basta con hablarle de la veracidad, sino que es necesario hacérsela atractiva, por ejemplo, enseñarle que decir siempre la verdad, tener palabra, nos hace personas en las que se puede confiar, o que la amistad es incompatible con la mentira.
  • No debemos nunca catalogarle de mentiroso o embustera. Al contrario, lo que necesita es que se le muestre confianza en que va a dejar de mentir, porque estamos seguros de que esa no es su forma de ser auténtica, sino un incidente pasajero.
  • Por eso mismo, de ninguna manera maximicemos su error. Consideremos mejor cada mentira como una metedura de pata e invitémosle a rectificar. Cuando le pillemos en un embuste, y lo reconozca, valoremos más el hecho de haberlo reconocido. Da mejor resultado felicitarle cuando dice la verdad y explicarle que eso es de mayores o de valientes.
  • Vayamos descubriéndole que antes se coge al mentiroso que al cojo, que una mentira, por pequeña que sea, fácilmente arrastra a otras y se va convirtiendo en una bola de nieve que crece y crece, que el mentiroso cada vez necesita mentir más, y que las consecuencias de las mentiras son a la larga fatales.

Fuente: www.solohijos.com
Pilar Guembe y Carlos Goñi

¡Sé asertivo con tu hijo!

Hay una frase muy usada por los adolescentes y es esta: “no se puede hablar con mis padres”. Cuando les pregunto por qué no han compartido su punto de vista con ellos me explican que “¿para qué? Si no escucha…”, “¡Imposible! Esto no se lo puedo decir a mis padres…se enfadarían un montón…”, “Si se lo digo se decepcionarán”, “No me va a creer”…

Cuando tu hijo no esté de acuerdo contigo, o al revés, en lugar de intentar convencerle de tu postura, explícale tu punto de pista empezando así: “Tienes toda la razón, pero desde tu punto de vista. Desde el mío…”

Esta pequeña frase permite dar la razón a tu hijo y validar sus sentimientos al mismo tiempo que deja claro que no estás de acuerdo con él sin tratar de juzgar, imponer o convencer. Tiene el mágico efecto de acortar las distancias entre conversadores y de derribar barreras comunicativas. Y lo mejor, es que te conviertes en un modelo para tu hijo de comunicación asertiva.

Otras frases para confrontar ideas con tu hijo


  • No opino lo mismo que tú, pero te agradezco que me lo digas. 
  • Yo no lo veo de la misma manera. Dime por qué piensas eso.
  • Te entiendo, pero no comparto tu opinión.
  • No estoy de acuerdo con lo que dices, pero me interesa saber más.
  • Es interesante tu punto de vista, no lo había visto así.
  • No opino como tú. Primero dame argumentos y luego te los daré yo.
  • Te he escuchado, pero no estoy de acuerdo en algunos puntos…
  • ¿Qué te ha llevado a pensar eso? Yo he sacado otra conclusión.
  • Me interesa saber por qué opinas eso.
  • Me gusta que me digas lo que piensas, aunque no estemos de acuerdo.
  • Me encantará escuchar tus argumentos.

Estupendas frases para hablar con hijos de todas las edades, pero imprescindible con adolescentes.

Frases que anulan cualquier posible comunicación con nuestro hijo


  • Eres demasiado inmaduro, no puedes entenderlo
  • No sabes lo que dices
  • Tengo más experiencia que tú y sé lo que me digo.
  • Dices tonterías
  • No tienes ni idea
  • ¡Cállate! ¡Para decir esas cosas mejor cállate!
  • Deberías pensar las cosas antes de decirlas…
  • ¡Basta ya¡¡Deberías escucharte!
  • Eso no tiene ningún sentido
  • ¡No me contestes!
  • Olvídate de este tema, no tienes ni idea…
  • Estás totalmente equivocado.
  • ¡Eso que dices no es cierto!

Fuente. www.solohijos.com
Elena Roger Gamir

 

¡Tú no eres tu hijo!

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Dice Stephen R. Covey: “En una escala de diez puntos, si yo estoy en el nivel dos en un campo y deseo pasar al nivel cinco, primero tengo que alcanzar el nivel tres. ´Un viaje de mil kilómetros empieza con el primer paso` y sólo puede darse un paso cada vez.

Uno de los grandes errores que cometen algunos padres es querer cambios rápidos e instantáneos en sus hijos. Que ellos pudieran asimilar esos cambios a la misma edad de su hijo no quiere decir que éste pueda asimilarlos también.
Comparar las habilidades que tiene tu hijo con las que tenías a su misma edad no hará más que añadirpresión a una situación ya de por sí difícil, además de adoptar una postura absolutamente injusta e irrespetuosa pues tú no eres tu hijo ni sus circunstancias.
Querer sacar lo mejor de él es un objetivo en sí mismo positivo pero solo si lo quieres hacer respetando su ritmo de aprendizaje y sus características personales.

Presionar para conseguir resultados solo sirve para una cosa: para bloquear a tu hijo y hacerle sentir incompetente.

Fuente: www.solohijos.com

Adolescentes y abrazos: una combinación posible y necesaria

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Si crees que tu hijo adolescente ya no quiere tus abrazos, te equivocas. Los necesita más que nunca, aunque no te los pida.

Dan en la diana de lleno. Los abrazos dicen: “te quiero aunque estemos enfadados”, “entiendo cómo te sientes” o “estoy contigo aunque no acepto tu comportamiento” sin necesidad siquiera de buscar palabras a esos sentimientos.

Hace un tiempo mi hijo (17 años entonces) y yo vivimos una situación de crisis. Me desafiaba sin posibilidad de comunicación en ese momento. Estaba tan fuera de sí que la mejor opción, y casi la única, era salir de la habitación dónde estábamos y dejar pasar el tiempo. Y así lo hicimos: cada uno se fue a su habitación.

Una vez en mi habitación tuve la necesidad de decirle de alguna manera que sentía lo que había ocurrido minutos antes y que le quería. Yo no estaba enfadada, tan solo preocupada por él pero él estaba muuuyenfadado conmigo. Pensé que quizás no era un momento apropiado para acercarme y darle un abrazo,pero decidí arriesgarme a recibir un improperio. Estaba sentado en la silla de su cuarto, me acerqué y le abracé por detrás. Sorprendentemente no hizo nada para evitarlo, me acarició la mano y se puso a llorar. Ese abrazo nos conectó y pudimos hablar en el mismo idioma.

¡Ese abrazo lo supuso todo! Y pensar que podría no habérselo dado por ego, por comodidad o por miedo a empezar una nueva batalla o ser rechazada…

Creo que necesitas un abrazo…


Dile así de claro: “creo que necesitas un abrazo”. Sin más explicaciones. Él se encargará de interpretarlo. El contacto físico se necesita para sobrevivir. Se necesita para comunicar nuestros sentimientos. Para concentrar todo nuestro amor en un segundo, sin necesidad de ponerle palabras. Es la manera más directa y sentida de decir “lo siento”, sin juzgar ni valorar nada.

Los abrazos tienen el poder, si son sinceros, de juntar las partes rotas de un adolescente herido. Incluso en las situaciones más conflictivas (o precisamente en ellas), ofrécele un abrazo y deja que él decida aceptarlo o no. Tú sencillamente, ¡regálaselo!

Fuente: www.solohijos.com
Elena Roger Gamir

Le entra por un oído y le sale por otro. ¿Qué hago para que mis hijos me escuchen?

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En ocasiones, lo que les decimos a nuestros hijos les entra por un oído y les sale por el otro. No deja cambio en ellos. No les afecta lo que les decimos. Para ellos somos un disco rayado que repite y repite siempre lo mismo o, peor aún, entendiendo cosas muy diferentes a las que queremos que entiendan.
¿Cómo incidir en nuestros hijos? ¿Cómo crear un impacto en ellos? ¿Cómo crear una modificación cognitiva? ¿Que hacer para que aprendan? ¿Qué hacer para que nos escuchen DE VERDAD, conscientemente?

Según Reuven Feuerstein, creador de la teoría de la Modificabilidad Cognitiva Estructuraluna interacción exitosa con  nuestros hijos es aquella que desarrolla en ellos su capacidad para enfrentarse al mundo, sus facultades operativas. Cualquier experiencia que les brindemos, cualquier palabra que les dirijamos, incluso cualquier mirada que les regalemos debe convertirse en una Experiencia de Aprendizaje Mediado (EAM).

¿Quieres que tus hijos te escuchen? ¿Quieres que tus hijos se modifiquen?

Si queremos que nos escuchen y que además de escucharnos modifiquen su proceso de pensamiento debemos intervenir teniendo en cuenta varios criterios de mediación. Reuven Feuerstein distingue 12 criterios pero os explicaré los tres universales, sin los cuales no existe la Experiencia de Aprendizaje Mediado:

Intencionalidad-reciprocidad


Debes saber cual es el objetivo con tu hijo, cosa que no es muy evidente en muchas ocasiones, y compartir tus intenciones con él en un proceso mutuo.
Trabajo con muchos padres con hijos con TDAH o sencillamente hijos desafiantes. Ante un desafío de su hijo, ante la agresividad en sus formas y sus palabras, los padres se centran en la falta de respeto cuando en realidad el objetivo más importante es su falta de autocontrol. Lo importante es mediar con él para ayudarle a que tome conciencia de dicha impulsividad, de sus sensaciones y su estado interior. Y ayudarle a que se implique en la experiencia de aprendizaje.
Implica seleccionar, crear y presentar los estímulos a tu hijo de tal manera que pueda asimilarlos y que tenga conciencia de lo que haces y por qué aunque no siempre lo comparta.

Nuestro objetivo debe ser crear una relación de reciprocidad de tal manera que se involucre en su cambio, para dar lugar a la metacognición:

“Si ahora estás más traquilo, podríamos hablar de lo que ha ocurrido hace unos minutos. ¿Te has dado cuenta de cómo ha empezado todo? ¿En qué momento crees que has dejado de controlar? ¿Podríamos haber reaccionado los dos de otra manera? Explícame cómo te gustaría que yo hubiera reaccionado. ¿Qué consecuencias crees que ha ocasionado tu decisión de actuar así? ¿Has conseguido lo que deseabas?…”

En este caso el objetivo ante la impulsividad de tu hijo debe ser enseñarle autocontrol (y no penalizar la falta de respeto) y  él debe conocer tu objetivo para hacerlo suyo también.  La intervención, si tu objetivo es enseñar autocontrol, debe consistir en ser modelo de autocontrol y no solo corregir el problema concreto.

Tengo tres hijos. Para cada uno tengo un objetivo concreto: para el mayor, que sea responsable de su salud. Para el mediano, autonomía. Para el pequeño, autocontrol.
Es como si para cada uno tuviera unas gafas con un filtro incorporado: todas mis intervenciones con ellos van filtradas por estos objetivos personalizados. Mi comunicación, mis estrategias educativas y mi actitud hacia ellos depende totalmente de estos objetivos y ellos saben en cada momento qué pretendo modificar con mi intervención lo que hace que mi mediación tenga más posibilidades de éxito ya que existen fuertes lazos entre nosotros, en este caso al compartir objetivos.
Cada uno tiene un trato diferente porque cada uno tiene objetivos y necesidades diferentes. Y este principio es aceptado y compartido por ellos, lo que hace que entre ellos no haya competencia.

Trascendencia


La trascendencia supone ver más allá de las necesidades inmediatas para generalizar los aprendizajes en otras situaciones. Tu intervención debe ser más ambiciosa y no centrarse solo en el presente sino que debe pretender que lo aprendido pueda aplicarlo tu hijo en el futuro.

Trascendencia= flexibilidad de pensamiento. 

Recuerdo un alumno de 8 años que cada día se enfrentaba con el mismo problema: limpiar con calidad la gran mesa del comedor de su casa (2m x 1,5m). Cada vez que la limpiaba, la mayor parte de las veces ignorando manchas y restos de comida, su madre se lo hacía repetir varias veces.
Un día me comentó que odiaba a su madre, precisamente porque siempre “le fastidiaba” con la calidad de sus tareas. Le ayudé a definir el problema (el problema no era su madre, como él decía, sino su mala ejecución) y le animé a buscar estrategias para poner fin al problema de la mesa. Ideó varias estrategias pero la de mayor éxito fue dividir la gran mesa en 6 partes iguales. Con la superficie limitada le era más fácil limpiar detectando errores. Además eso le permitió comprobar (algo que no hacía antes) cada uno de los segmentos.

El primer día tardó 10 minutos en limpiar la mesa pero ahora solo tarda 30 segundos en hacer con calidad absoluta su trabajo. Y esta estrategia la ha generalizado a otras áreas: limpiar sus zapatos, hacer su cama, guardar su ropa, dividir problemas grandes en pequeños e incluso estudiar. Ahora utiliza la agenda porque es una manera de “segmentar” su trabajo escolar como hacía con la mesa.

Significado


Ninguna intervención es operativa si no se acompaña de pasión. El significado es la energía que acompaña a tu intervención, a tus palabras, a tu mirada o a tu silencio. No hay aprendizaje si nuestro hijono encuentra el sentido, el por qué y se implica emocionalmente en él.
Cada vez que intervengas con tu hijo, pregúntate si estás imprimiendo valor y energía a lo que haces o dices: ¿estoy trasmitiendo la importancia que tiene esto? ¿estoy trasmitiendo la importancia que tiene para mi?

Como mediador debes ayudar a tu hijo a buscar nuevos significados a los mismos hechos pero en distintas situaciones. Es con el significado con los que trasmites valores y ayudas a tu hijo a construir los suyos, sus actitudes y sentimientos.

La mediación del significado se da tanto a nivel cognitivo como emocional porque comprender el significado de las cosas ayudará a tu hijo a preguntarse cosas y a emplear formas más resolutivas para los conflictos. Sin significado no hay intencionalidad ni reciprocidad.

Os pondré un ejemplo. Hace un tiempo fui al cine con toda mi familia a ver la película de Tom Cruise “Al filo del mañana” donde Tom Cruise debe enfrentarse a una invasión extraterrestre. Al principio de la película es un hombre cobarde y egoísta y trata de eludir su responsabilidad. Sin embargo cuando le obligan a ir al campo de batalla ocurre algo asombroso: entra en un bucle temporal y, aunque cada día lo matan los alienígenas, a la mañana siguiente comienza el mismo día, repitiéndose todo exactamente. Esto le permite cada día detectar errores, buscar soluciones y evidentemente salvar al mundo.

Al terminar la película yo estaba emocionada de la trascendencia del argumento: errores, soluciones, alternativas, estrategias, oportunidades, modificabilidad… Sin embargo para ellos fue una película de aventuras sin más aprendizaje. En lugar de explicar mi punto de vista y tratar de sacar el jugo de la película con preguntas estratégicas me reservé la experiencia para aplicarla exclusivamente con mi hijopequeño (17 años), con el cual había tenido una situación critica el día anterior, situación que estaba sin cerrar todavía.
Ya en la cama, por la noche, me acerqué a él y le dije: “me encantaría ser Tom Cruise, tengo clarísimo que cosas haría de otra manera, empezando por ayer mismo. Si tu fueras él y pudieras comenzar cada día  pudiendo corregir los errores, ¿como sería tu día mañana? No me contestes, piénsalo…”
Por la mañana al levantarse lo primero que hizo es venir a mi cama a darme un gran abrazo con beso incluido (¡rarísimo!)… No sé lo que ese abrazo significaba porque no me lo explicó pero sé que estaba relacionado directamente con mi pregunta y con el significado que le dio.

Existen otras criterios de mediación como la regulación u control del comportamiento, la mediación de la competencia, la búsqueda, planificación y logro de los objetivos, así hasta 9 más, pero eso será objeto de otro artículo.
A continuación os dejo con una escena de una estupenda mediación de la película Detachment (El profesor). Podéis observar estos tres criterios en él.

Fuente: www.solohijos.com
Elena Roger Gamir

Nuestros hijos no nos dan trabajo sino que son NUESTRO TRABAJO

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Un hijo nunca “da trabajo”. Considerarlo así es sentirlo como si fuera una carga. Si lo es para ti es porque no has sabido manejar los problemas o aceptarlo como es. Es un claro síntoma de que hay que hacer una nueva valoración del proyecto pedagógico. Tu manera de solucionar conflictos, de comprender a tu hijo incluso de amarlo no es la mejor.

Un hijo nunca es una carga sino una maravillosa oportunidad de sacar lo mejor de nosotros mismos. Cuanto mayor sea el desafío que nos plantee, más necesario será buscar lo mejor de nosotros: nuestra generosidad, nuestra paciencia, nuestra comprensión, nuestra inteligencia y empatía.

¡Claro que nuestros hijos conllevan problemas! Y sacrificios, y desafíos. La aventura de pasar de ser un bebé a convertirse en una persona independiente y equilibrada exige mucho de nuestra parte. Esa es la esencia de la paternidad y maternidad, independientemente de lo fácil o difícil que lo pongan nuestros hijos.

Tener hijos implica renunciar a cosas, aceptar otras que no nos gustan, estudiar y formarnos, cambiar nuestra manera de pensar incluso de hablar, aprender a querer de manera generosa, solucionar conflictos de manera creativa y, sobre todas las cosas, saber que nuestros hijos no son nuestros sino que han nacido para tener una vida plena independientemente de nosotros, lo que conlleva educar en el respeto. Por supuesto que surgen problemas en esta aventura igual que si te embarcas en la creación de una empresa. Cualquier cosa que merezca la pena supone superación y esfuerzo.

Si consideramos que esos problemas son una carga, entonces se verá afectada nuestra manera de mirarle, de dirigirnos a él, de etiquetarle, incluso de amarle. ¿Cómo se puede amar a alguien que se considera un “pesado trabajo“? Lo estás “soportando” pero no le estás amando con generosidad, sin condiciones, como debe ser el amor de un padre o madre a su hijo.

Estamos en deuda con nuestros hijos porque ellos nos permiten sacar y desarrollar la mejor versión de nosotros mismos. Ellos no nos dan trabajo sino que son NUESTRO TRABAJO.

Fuente: www.solohijos.com
Elena Roger Gamir

¿Es importante que me reúna con el tutor de mi hijo? Consejos prácticos.

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¿Cuántas veces te has entrevistado con el tutor de tu hijo? ¿Crees que es suficiente? A veces no tenemos muy claro cómo y cuándo debemos dirigirnos al centro educativo donde estudian nuestros hijos, pero es importante que cada cierto tiempo nos reunamos con el docente responsable del niño para intercambiar información y definir objetivos.

  • Confía en tu hijo mientras demuestre que lo merece, y comunícate con el tutor por mediación del niño.
  • Si tu hijo te explica que un profesor ha cometido un error, habla con el tutor poniendo en duda la información recibida. No emitas juicios de valor. Es muy probable que si muestras una actitud recriminatoria, el tutor reaccione a la defensiva, y lo que podría ser un intercambio de información se convierta en un acto de justificaciones y descalificaciones.

No es lo mismo decir:

-“Mi hijo me ha dicho que el profesor de Matemáticas le ha expulsado de clase porque estaba hablando con su compañero, pero es que… ¡toda la clase estaba hablando! Pienso que no es justo y que tendrías que hablar con ese profesor porque me parece que está cogiendo manía a mi hijo”.

Que decir:

-“Me gustaría que te informaras sobre un asunto que me ha explicado mi hijo. Seguramente sólo me ha contado una parte de la realidad, la parte que le interesa. Según dice, el profesor de Matemáticas le expulsó de clase de manera injusta, por hacer lo que todos hacían. Cuando sepas de qué va,¿ podrías valorar la situación y ayudar a mi hijo a aceptar mejor las consecuencias de sus actos, en caso de que haya tenido más culpa de la que dice?. De todas maneras, me gustaría que me llamaras por teléfono y me dieras tu versión de los hechos”.

Fuente: http://www.solohijos.com
José María Lahoz García