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Una idea genial para enseñar a nuestros hijos a pedir las cosas sin gritar

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Cuando mis hijos eran pequeños, les puse un vídeo de dibujos animados en chino. No había traducción. Evidentemente se rieron mucho precisamente por no entender absolutamente nada de lo que decían. Les hacía gracia ver a los dibujos hablar y comunicarse en un idioma en el que no entendían, incluso les parecía ridículo y se reían de ellos.

Ese tema dio para mucho porque durante un tiempo jugaban a hablarse en chino, se hacían bromas y jugaban a “no entenderse”, con todo lo que lleva de absurdo esta incomunicación.
Mi intención al ponerles este vídeo no era arbitraria ni sencillamente divertirles. Buscaba una buena mediación para enseñar a mis hijos la importancia de hablarse con respeto y comunicarse con precisión, sobre todo en momentos problemáticos.
Y ahora entenderéis por qué.

“No te entiendo, me estás hablando en chino”


Cuando más adelante perdían el control hablando conmigo, cuando exigían con gritos las cosas o mostraban agresividad verbal para conseguir sus objetivos, les decía “¿Te acuerdas de aquella vez que vimos los dibujos animados en chino? Pues a mi me pasa igual…ese idioma no lo entiendo, me estás hablando en chino y yo no entiendo el chino; cuando me hables en castellano quizás entienda lo que necesitas”.
Sin necesidad de recordarles la norma (“En esta casa todos nos hablamos con respeto”) ni de sermonearles, les dije subliminalmente que el idioma de la agresividad, de los gritos, insultos o chantajes no obraban el efecto deseado, que no eran admitidos como “idioma” vehicular en nuestrafamilia y que podían hablar “chino” pero que desafortunadamente, a pesar de intentar entenderlos, no podía. Para poder entendernos en nuestra casa había que hablar “castellano”, el idioma que todos comprendemos: el del respeto y el de la negociación.

Actualmente, ahora que ya el pequeño tiene 19 años, todavía hay ocasiones en que les digo: “Ignacio, estás hablando chino y no te das cuenta, prueba en castellano”. Automáticamente entienden que están levantando la voz o imponiendo sus ideas con agresividad, entonces bajan revoluciones y recurren a la comunicación asertiva, aquella que saben por experiencia (ya que desde pequeños han aprendido a hablar en castellano y no en chino) les permite con más posibilidades, aunque no siempre, conseguir sus propósitos sin sentirse mal por ello ni hacer sentir mal a los demás.

¡Aprende a mediar con tus hijos, aprende a hacerles partícipes de su propio cambio!
Y cuidado, no pierdas de vista que tu hijo tampoco entiende el chino…

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

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5 pasos para criar a un buen niño, según Harvard

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Si tu hijo saca todo sobresalientes, o es pichichi de la liga de fútbol de su colegio, lo más probable es que después haya una buena celebración en casa. Pero, ¿y cuando hace algo bueno por los demás? Según el estudio llevado a cabo por Rick Weissbourd, psicólogo de la universidad de Harvard, solo uno de cada cinco niños creen que a sus padres les preocupa que sus hijos sean buenas personas, por encima de sus logros académicos o su felicidad.

Los logros personales o la felicidad no son lo más importante

La iniciativa de Weissbourd de crear una guía de 5 pasos para criar a un buen niño, ha dado la vuelta al mundo. El proyecto Making Caring Common (“Hacer de la solidaridad algo común”) llevado a cabo en la universidad de Harvard ha liderado una encuesta a 10.000 alumnos de secundaria y bachillerato sobre los valores que eran más importantes para ellos. Los alumnos eran de 33 colegios diferentes de todas partes de Estados Unidos y de distintas clases sociales y razas. El 80 por ciento de estos niños consideraron que los logros personales o la felicidad eran lo más importante.

Aunque en el pasado padres y educadores hayan asegurado que valoran más la bondad que los logros personales, es evidente que los niños no les creen. Cuando se les preguntó si estaban reflejando las prioridades de sus padres, los alumnos contestaron afirmativamente. De hecho, la gran mayoría estaba de acuerdo con la frase “a mis padres les enorgullece más que saque buenas notas que ser un miembro solidario en mi comunidad”.

El problema es que, según Weissbourd, cuando se educa a los niños con estas prioridades, hay un riesgo más elevado de que se den “comportamientos dañinos, como ser cruel, irrespetuoso o deshonesto”. Según varios estudios, el 50 por ciento de los alumnos admiten haber copiado en un examen y el 75 por ciento haber copiado losdeberes. Además, vivir de acorde con este standard provoca estrés y depresión.

Por mucho que les expliquemos a nuestros hijos que ser amables y ayudar a los que lo necesiten es importante, el mensaje que reciben es que la prioridad es sacar buenas notas y ser feliz, aun a costa de los demás o de sacrificar valores tan importantes como la caridad y la honestidad.

Cómo criar a un buen niño en 5 pasos, según Harvard

Para cambiar este modelo educativo y que los niños aprendan a poner en orden sus prioridades, Weissbourd nos facilita la guía para criar a un buen niño en cinco pasos.

1.   Haz de preocuparte por otros tu prioridad. Los niños necesitan aprender el equilibrio entre su felicidad y la de los demás. Necesitan oírte decir que ayudar a los demás y ser buenos es la prioridad número uno. Una parte clave para conseguir que interioricen esto es someterles a unas importantes expectativas éticas, como cumplir con lo prometido, aunque les haga infelices. No te preocupes, no lo serán por mucho tiempo. A la larga esto les ayudará en sus relaciones con los demás y, por lo tanto, a alcanzar una felicidad plena. Para ayudarles a reorganizar sus prioridades prueba esto:

–   Cambia “lo más importante es que seas feliz” por “que seas bueno”.

–   Asegúrate de que se dirija a los demás con respeto.

–   Cuando interactúes con otros adultos en su vida, enfatiza lo importante que es laamabilidad. Por ejemplo, pregunta a sus profesores si ayuda a los demás en clase.

2.   Facilita que tus hijos practiquen la amabilidad y gratitud. Varios estudios muestran que las persones que habitualmente expresan su gratitud suelen estar más dispuestos a ayudar y son más generosos, compasivos e indulgentes; y también ¡más sanos y felices! Como en todos los hábitos buenos, lo importante es la repetición. Prueba esto:

–   No le recompenses por cada buena acción como poner la mesa. Se espera del niño que ayude en casa con normalidad, y que sea bueno con sus familiares y vecinos. Recompensa solo las buenas obras que sean excepcionales.

–   Habla con tu hijo sobre buenas o malas acciones que haya podido presenciar.

–   Haz que dar gracias se convierta en un hábito en las comidas, al acostarse o en el coche. Dad gracias juntos por los que os han ayudado durante el día.

3.   Enseña a tus hijos a tener perspectiva. La mayoría de los niños se preocupa por sus familiares y amigos. El objetivo sin embargo, es que nuestro hijo aprenda a preocuparse por alguien de fuera de su círculo, como un niño nuevo en clase, el conserje del colegio, o incluso alguien que viva en otro país. Es importante que los niños aprendan la perspectiva de las personas con las que conviven y la de los más necesitados. Para conseguirlo, prueba esto:

–   Asegúrate de que tu hijo sea amable y agradecido con las personas con las que se encuentra diariamente, como el conductor del autobús o la camarera.

–   Anímale a preocuparse por los necesitados. Dale ideas como consolar a un compañero de clase con el que se meten los demás.

–   Utiliza el periódico o la televisión para enseñarle los problemas a los que se enfrentan niños en otros países.

4.   Sé un ejemplo de moralidad. Los niños aprenden valores observando cómo actúan las personas que les rodean. Necesitamos practicar la honestidad, justicia y caridad para que nuestros hijos puedan aprenderlo de nosotros. Para que aprendan cómo queremos que se porten con los demás, prueba esto:

–   Intenta hacer voluntariado una vez al mes y, si es posible, que te acompañe tu hijo.

–   Plantéale a tu hijo un dilema ético como “¿Debería invitar a mi vecino a mi cumpleaños si a mi mejor amigo no le cae bien?”. Enséñale como lo solucionarías tú, guiándote por los buenos valores que le estás enseñando.

5.   Ayúdales a manejar sentimientos negativos o destructivos. A veces, aunque nuestros hijos quieran ayudar a los demás, un enfado, la vergüenza o la envidia pueden ponerse en su camino. Necesitamos enseñarles a manejar estos sentimientos negativos para que no les impidan preocuparse por los demás. Prueba esto:

–   Pídele a tu hijo que pare un momento y respire hondo. Que inspire por la nariz, expire por la boca y que cuente hasta cinco. Enséñaselo cuando esté tranquilo. Cuando se enfade o esté disgustado, ponedlo en práctica. A la larga, lo hará de forma automática y podrá expresar así su frustración sin dejar que afecte a su comportamiento.

Fuente: http://www.hacerfamilia.com
Marga Wesolowski

¡Tú no eres tu hijo!

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Dice Stephen R. Covey: “En una escala de diez puntos, si yo estoy en el nivel dos en un campo y deseo pasar al nivel cinco, primero tengo que alcanzar el nivel tres. ´Un viaje de mil kilómetros empieza con el primer paso` y sólo puede darse un paso cada vez.

Uno de los grandes errores que cometen algunos padres es querer cambios rápidos e instantáneos en sus hijos. Que ellos pudieran asimilar esos cambios a la misma edad de su hijo no quiere decir que éste pueda asimilarlos también.
Comparar las habilidades que tiene tu hijo con las que tenías a su misma edad no hará más que añadirpresión a una situación ya de por sí difícil, además de adoptar una postura absolutamente injusta e irrespetuosa pues tú no eres tu hijo ni sus circunstancias.
Querer sacar lo mejor de él es un objetivo en sí mismo positivo pero solo si lo quieres hacer respetando su ritmo de aprendizaje y sus características personales.

Presionar para conseguir resultados solo sirve para una cosa: para bloquear a tu hijo y hacerle sentir incompetente.

Fuente: www.solohijos.com

Estás haciendo un trabajo de artesanía.

MIERCOLES

Si has puesto los medios, persevera, no tires la toalla. Tu hijo se merece que continúes trabajando en él.

A veces es cuestión de darle tiempo. A veces de formarte un poco más. A veces de cambiar una variable. Pero cree en tu poder de intervención. No existe nadie en el mundo que conozca mejor a tu hijo y pueda influir en el.
No alcanzar la meta que te has fijado no quiere decir que lo hayas hecho mal sino que la meta estaba mal definida o aún necesita algunos pasos más.

Persevera y persevera porque lo estás haciendo bien.

Fuente: www.solohijos.com

El ritual del adiós: ¿por qué es difícil decir adiós?

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A lo largo de la vida, a veces, tenemos que decir adiós a las cosas, a determinadas personas y los afectos que sentimos, situaciones y estados, etc. Decir adiós no siempre es fácil, ya que supone desprendernos de algo, o alguien, pero también desprendernos de algo que formaba parte de nosotros mismos, de nuestros afectos, de nuestras creencias, y a veces, incluso desprendernos también de hábitos y costumbres.

Decir adiós supone cambiar, reajustar, crear nuevos significados y no siempre es fácil, aunque sí necesario. A veces las despedidas nos vienen impuestas, otras veces somos nosotros mismos los que tenemos que desprendernos de lo que nos hace mal. En cualquier caso, puede ser un proceso complicado.

La vida es una sucesión de bienvenidas y también de despedidas. En nuestro camino vital son muchas las pérdidas que hemos de sufrir: situaciones amadas, personas queridas, lugares amados… dejan de formar parte de nuestra vida y hemos de seguir el camino sin aquello que perdemos, y esto implica dar un significado al amor sentido, a la emoción, lo que conlleva un reajuste psíquico que se desarrolla a lo largo de un proceso de duelo más o menos intenso.

El adiós forma parte de la vida,  aunque es doloroso en muchas ocasiones es necesario para avanzar.

¿Por qué es difícil decir adiós?

Por qué es difícil decir adiós

Toda pérdida es dolorosa por lo que significa. Una pérdida no es solo perder a una persona, una situación, lugar… una pérdida significa que al perder a aquello que amamos, ya sea persona o situación (e incluso a veces ambas cosas), perdemos mucho más y tenemos una emoción que no desaparece fácilmente.

Cosas que perdemos con las pérdidas
Una pérdida no es solo una pérdida, una pérdida es un conjunto de pérdidas:

–   Perdemos a quien amamos y también perdemos las sensaciones que teníamos.
–   Perdemos nuestras creencias (por ejemplo: creer que siempre estará contigo).
–   Perdemos afectos, momentos en compañía, hábitos, etc.

Emociones que se mantienen tras la pérdida
Entendamos esto con un ejemplo: ante una ruptura o un fallecimiento, dejamos de tener a la persona amada pero el sentimiento, el afecto se mantiene y es necesario reubicarlo, o darle un nuevo sentido. La emoción no desaparece con la persona.

El ritual del adiós

Decir adiós no es fácil, pero es necesario. Las pérdidas pueden ser impuestas y no nos queda más remedio que afrontarlas y avanzar, pero también pueden ser la única opción. A veces, aunque duela tenemos que dejar marchar aquellas cosas que ya no forman parte de la vida, aquello que nos hace mal, que no nos permite avanzar, decir adiós y continuar el viaje.

La pérdida, implica un proceso de duelo que supone reajuste psíquico, reubicación de las emociones y dar un sentido a la situación, un nuevo significado. El proceso de duelo supone un sufrimiento importante, pero conlleva un desarrollo personal. Son muchos los ejemplos de rituales del adiós: entierros, entrada en la pubertad y decir adiós a la niñez, etc.

Aprender a decir adiós y avanzar en el proceso de duelo es muy importante, para ello es importante establecer un ritual del Adiós que nos facilite el proceso.

–   Tomate tu tiempo. El duelo es un proceso de cambio y de reflexión, que supone un reajuste importante. Forzar el proceso no es bueno ya que puede suponer que no se complete de forma adecuada. Recuerda que las etapas del duelo son: negación, enfado, resignación, afrontamiento y superación.

–   Reflexiona y deja que tus emociones fluyan. Es normal sentirse triste ante la pérdida, reprimir la emoción puede ser negativo.

–   Busca la compañía de seres queridos.

–   Prueba a hacer cosas nuevas, a crear nuevas costumbres.

–   Recuerda las cosas malas que tenía la antigua situación, en el caso de ser una pérdida porque tenemos que dejar algo malo,

–   Intenta no quedarte en el pasado, poco a poco céntrate en el presente, en la nueva situación, en el aquí y el ahora.

Fuente: www.hacerfamilia.com.
Celia Rodríguez Ruiz.

¿Qué crees que opina tu hijo de ti?

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Como padres y madres, pensamos que no siempre lo hacemos bien. Que perdemos la paciencia. Gritamos y actuamos a veces con nuestros hijos de manera que posteriormente nos sentimos mal. Y en nuestro malestar, nos olvidamos de los muchos pequeños detalles amorosos que cada día nos salen de manera espontanea del corazón.

En realidad, se nos da muy bien querer a nuestros hijos. Cuando les escuchamos al salir del colegio,  cuando cocinamos con ellos magdalenas o les hacemos cosquillas. Cuando les leemos el cuento o bailamos con ellos  se sienten queridos. Cuando les miramos con ternura. Con los gestos mas sencillos les llegamos al corazón.

Este vídeo nos muestra que las prioridades y expectativas de hijos y padres no son las mismas. Ellos contemplan lo imperceptible, lo sutil e invisible. Ellos hablan el lenguaje del corazón, por lo que valoran de nosotros aspectos que ni siquiera nosotros valoramos. Claro que cometemos errores pero entre nuestra imperfección también tocamos el alma de nuestros hijos y los llenamos de recuerdos brillantes.

No lo hacemos tan mal, aunque está bien querer mejorar. Pero que nuestras expectativas para ellos y para nosotros no sean tan rígidas  que no nos permitan disfrutar de lo que sin verse va construyendo la fina red de los detalles amorosos.

Fuente: www.hacerfamilia.com
Elena Roger Gamir

 

¿Quién dice que tu familia no es perfecta?

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¡Tranquilízate! No lo estás haciendo mal. Quizás la imagen que tenías de la familia perfecta no se ajusta a la tuya pero eso no quiere decir que la tuya no lo sea.

Cuando nuestros hijos nacen, idealizamos, proyectamos e imaginamos. Nada nos puede asegurar que todo vaya a ser como está planeado en nuestra mente. ¡Afortunadamente!

Sin conocer a nuestros hijos, nuestras expectativas se alejan mucho de lo que necesitan de verdad. Nacen con una clara personalidad. Unos son desafiantes. Tenemos hijos muy activos, con TDAH. También pasivos, seguidores y con falta de autoestima. Otros se comen el mundo… Hijos grandes y pequeños, agresivos, sensibles o poco empáticos. Los hay que no pueden comunicarse y los que no callan ni escuchan nunca… Nuestros hijos son todos diferentes y únicos.  A veces gritamos y castigamos, aún sabiendo que no deberíamos hacerlo. Salen reproches e ironías de nuestros labios y podemos ser injustos. Somos terriblemente humanos, qué se le va a hacer…

Y a medida que crecen vamos conociéndoles, reconociendo sus rasgos y fomentando sus potencialidades. Vamos conociéndonos y corrigiéndonos. A veces tomamos decisiones equivocadas. ¡Como en todas las familias! Y gracias a ellas podemos rectificar e ir conformando nuestra mejorfamilia posible. A veces, muy lejos de nuestra familia ideal. Pero debe ser así. Eso significa que cada uno tiene un espacio para ser como es, para crecer en libertad.

¿Qué esto conlleva confrontaciones? A veces sí, precisamente porque como padres también vamos aprendiendo. Pero a medida que nos equivocamos, que cambiamos de estrategia, que conocemos a nuestros hijos y que aceptamos cómo son podemos crear nuestra mejor familia posible.

La familia perfecta existe. Pero no es la que tú tienes en la cabeza. Donde no hay problemas o si los hay, se resuelven con facilidad y la vida continua. ¡No! La familia perfecta es la que da oportunidades a todos sus miembros para resolver sus propios problemas y, en definitiva, poder ser cómo son, con libertad y respeto a las diferencias individuales.

Fuente: www.solohijos.com
Elena Roger Gamir

Metáfora para enseñar a nuestros hijos a no compararse con los demás

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Una metáfora estupenda para explicar a nuestros hijos por qué ellos también son únicos, irrepetibles e incomparables, como los copos de nieve. Cada uno tiene sus propias cualidades, en positivo y negativo, y esos son los principales motivos para que no haya otra persona como él.

Después de ver este vídeo puedes ayudarle a reflexionar y decir qué aspectos positivos son los que le caracterizan y le distinguen de los demás. Si no es capaz de identificarlos, prepara previamente unas cartulinas con los adjetivos que crees que le identifican junto con otros que no. Barájalos y “juega” con tu hijo a que elija aquellos más afines a su personalidad.
Habla de ellos relacionando cada cartulina a hechos pasados y vividos por tu hijo: “Uhm, ha salido ´optimista`. ¿Recuerdas cuando te comportaste de manera optimista? ¿no? ¿Recuerdas aquella vez que se nos quemó el pastel de queso y yo me entristecí? ¿Recuerdas lo qué me dijiste? Me animaste a hacer otro pastel de queso, pero esa vez vigilando mejor el horno… Yo te obedecí y el pastel salió perfecto esa vez. Estaba buenísimo!. Si no me llegas a animar yo no hago el segundo pastel y no merendamos eso tan bueno. ¡Eso es ser optimista!

Muy útil para trabajar los celos infantiles entre hermanos.

Fuente: www.solohijos.com
Elena Roger Gamir

¿Qué siente el niño cuando sus padres se separan?

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En la separación, ¡padres ante todo!

Obviamente, los padres, como personas adultas y responsables (se supone que lo son) tienen todo el derecho a separarse cuando surja tal necesidad, pero si cabe, más derecho tiene el hijo a tener a sus padres.

Aquí está el meollo del asunto: una cosa es separarse como pareja (nivel conyugal: relación de pareja) y otra, muy distinta, es separarse como padres (nivel parental: ejercicio de padres).
Lo que pasa, muy a menudo, es que ambos niveles, conyugal y parental, aunque están en planos distintos en el contexto de la relación familiar, en la práctica se confunden entre ellos y se imbrican el uno al otro. Y durante la vorágine de la etapa de separación (en especial si es muy conflictiva), el ejercicio de la parentalidad decae, aunque sea temporalmente, porque predominan los problemas personales entre los cónyuges.

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La vuelta al cole después de Navidad

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A los niños, los días siempre les resultan más largos que a los adultos, por eso durante las vacaciones de Navidad tienen tiempo más que de sobra para desconectar y descansar. Pero después de tantos días de vacaciones para celebrar la Navidad conviene tener en cuenta una serie de consejos para que la vuelta al cole después de la Navidad no se convierta en una odisea y les cueste más de lo normal.

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