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El estrés y la salud

 

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Si bien entendemos el estrés como un problema de salud mental, muchas veces este se puede convertir en un problema de salud individual y familiar que requiere atención inmediata.

El estrés afecta nuestra salud a diferentes niveles, desde el funcionamiento de nuestro cuerpo hasta la manera en cómo nos sentimos y, consecuentemente, cómo nos comportamos. De no ser adecuadamente controlado, la tensión puede contribuir a desencadenar, o empeorar, enfermedades crónicas severas como la elevación de la presión arterial, las enfermedades del corazón, la obesidad, la diabetes, entre otras.

Se estima que más del 40% de adultos sufren de estrés.

Las diferentes manifestaciones del padecimiento incluyen dolores de cabeza, de espalda, problemas gástricos, circulatorios, problemas para conciliar el sueño, ansiedad excesiva, etcétera. Lo que es más preocupante es que se ha observado un efecto contagioso del estrés: aun desde la infancia, los hijos son sensibles al estrés de los padres, lo cual resulta en niños con un mayor riesgo a desarrollar problemas conductibles y emocionales.

Así, este problema representa un riesgo tanto para nuestra salud individual como para nuestra salud familiar.

Combatir el estrés es todo un reto en la sociedad actual, en la que pasamos mucho tiempo ocupados y con pocas oportunidades de esparcimiento individual y familiar.

Las actividades físicas son excelentes alternativas para aliviar la tensión y, además, proveen oportunidades para relajarse en familia.

Es importante recordar que dormir pocas horas o el exceso de alcohol, cafeína o tabaco contribuyen a elevar los niveles de estrés.

Si usted lleva una vida saludable y aun así sufre de estrés, no dude en contactar a su médico, ya que, en algunos casos, es necesaria una intervención que podría incluir fármacos para aliviar niveles severos de tensión. Será oportuno buscar ayuda y tenga presente que su salud afecta de manera directa la de sus seres queridos.

Fuente: http://www.elperuano.com.pe/
Alexandra Obregón

 

Cómo superar la depresión posnavideña

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Después de la Navidad es habitual sentirnos abatidos, apáticos e incluso deprimidos. La cuesta de Enero afecta a los bolsillos, pero también a nuestros estados de ánimo. Dejamos atrás unos días de vacaciones, de estar con los seres queridos, dejamos atrás unos días de buenos propósitos y deseos, días de buenas palabras y de celebraciones y retomamos nuestras vidas y días cargados de obligaciones. La depresión posnavideña es una variante del conocido síndrome posvacacional.

La depresión posnavideña

La depresión es una enfermedad grave y supone una fuente de intenso sufrimiento mental. Es un trastorno del estado de ánimo que ha de ser tratado por especialistas y que no debemos tomarnos a la ligera ya que sus consecuencias pueden llegar a ser muy perjudiciales.

En algunas ocasiones, la depresión aparece sin causa aparente, sin ningún acontecimiento o situación adversa que la desencadene, es lo que se conoce como depresión endógena. La depresión posnavideña es un tipo de depresión endógena de tipo estacionaria, asociada a una época o estación del año. Aunque normalmente pasa del mismo modo como apareció de manera natural, la depresión posnavideña puede llegar a ser muy grave, y si no se trata adecuadamente podría llegar a extenderse.

Síntomas de la depresión posnavideña

 

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Los síntomas de la depresión según los manuales diagnósticos son los siguientes:

–   Cansancio, apatía, desgana, pérdida de vitalidad.
–   Estado de ánimo o humor depresivo, de manera constante durante la mayor parte del día, y mantenido durante la mayoría de los días.
–   Irritabilidad extrema.
–   Pensamientos negativos, autoderrotistas…
–   Perdida de interés por actividades placenteras.

En el caso de la depresión posnavideña, además encontramos los siguientes síntomas:

–   Perdida de interés por las actividades cotidianas.
–   Sensación de nostalgia ante los recuerdos de los días pasados.
–   Dificultad para seguir el ritmo habitual.

Causas de la depresión posnavideña

¿Por qué me siento deprimido después de las fiestas navideñas? Más que una única causa podemos señalar un conjunto de factores que unidos dan lugar al fenómeno.

–  Comenzamos un nuevo año y con ello recordamos los propósitos que nos quedan por cumplir. Seguramente hace unos días durante las vacaciones veíamos todo con optimismo y los propósitos eran alcanzables pero ahora parece que no es tan fácil.

–   Han sido unos días de muchas emociones positivas como la alegría, la paz, el afecto, etc., reuniones, reencuentros, buenos deseos, ilusiones… y la vuelta a la vida normal supone un contraste con lo vivido en los últimos días.

–   A veces desarrollamos una especie de “resaca emocional” tras la felicidad, tensiones familiares, conflictos que no se sacan por no alterar las fiestas y reuniones, etc.

–   A menudo disfrutamos de unos días de vacaciones, de unos días para desconectar y la vuelta a la rutina puede suponer un duro golpe.

–   Es una época del año en la que las condiciones climatológicas invitan a la tristeza, días oscuros, de noches largas, de frío, etc.

–   Los gastos y excesos de las Navidades pueden suponer unos días para recuperarnos económicamente, de peso, etc.

¿Cómo podemos hacer frente a la depresión posnavideña?

Algunos efectivos consejos:

1.   Organíza tus propósitos. Recuerda que han de ser propósitos de año nuevo posibles que no supongan un reto imposible de cumplir.

2.   Aunque haya que apretarse el cinturón y hacer frente a los gastos puedes disfrutar. Puedes hacer reuniones más económicas en casa, actividades que no supongan un gran gasto, etc.

3.   Dedícate tiempo a ti mismo/a y a tus seres queridos.

4.    Analiza tus pensamientos y modifícalos por otros más realistas si realmente es necesario. Recuerda que no todo es tan malo, puede que en comparación con los días pasados, el día a día parezca poca cosa, pero recuerda lo bueno que tiene.

5.   Busca compañía y permítete ser activo. Un simple paseo al aire libre te ayudará con tu estado de ánimo.

6.   Si el malestar persiste o es demasiado intenso, lo aconsejable es consultar con un especialista.

Fuente: www.hacerfamilia.com.
Celia Rodríguez Ruiz.

Cuando las prisas de los padres se convierten en estrés para los hijos.

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El sistema neurológico de nuestros hijos no está preparado para el ritmo de vida al que están acostumbrados los adultos. No está tan entrenado y es mucho más sensible a las presiones y al estrés.
Este es un motivo por el que no debes contagiar a tu hijo de tus prisas y vorágine. Pero hay otro motivo igual de importante que tiene que ver con sus habilidades cognitivas.

Tu hijo está en formación constante. Cada día aprende y descubre cosas nuevas. Necesita calma para asimilar sus aprendizajes y para poder aprovechar al máximo las oportunidades del día a día con conciencia plena. Necesita cierto estado de equilibrio emocional e intelectual para revisar sus errores, sacar conclusiones y buscar estrategias para no repetirlos, para que distingan lo importante de lo que no lo es. Un pensamiento divergente, hipotético o deductivo necesita tener en cuenta muchas variables, pequeños detalles que bajo las prisas pasan desapercibidos.

E incoherentemente les exigimos un trabajo de calidad, que lo poco o mucho que hagan lo hagan bien, que se organicen, que prevean consecuencias, que controlen su agenda y sus tiempos y, sin embargo, les enseñamos a ir por la vida corriendo, improvisando, con prisas para compensar la falta de planificación.

No solo les damos prisa para que se vistan, desayunen, recojan… también para que aprendan, para que entiendan lo que les explicamos, para que hagan amigos, para que se atrevan con nuevos desafíos…¡para que crezcan! Olvidamos que tienen su propio ritmo de aprendizaje y madurez, una personalidad diferente a la nuestra, unos intereses y objetivos distintos… Darles prisa no soluciona ningún problema sino que lo agrava, les impide crecer y los separa de nosotros.

Sustituye las prisas por organización y planificación. Ten en cuenta su capacidad de aprendizaje y reacción. Ante los problemas, media con tu hijo, negocia, haz reuniones familiares y resolución de conflictos, dale un tiempo para reflexionar antes de responder… ¡Incluso dale el espacio físico para hacerlo!

Por supuesto que nuestros hijos deben acostumbrarse al ritmo que marca la sociedad, por supuesto que deben acostumbrarse a trabajar bajo presión y a responder a estímulos estresantes pero preparémosles previamente para ello, dotémosles de recursos cognitivos, seleccionemos los estímulos para que desarrollen capacidades y no seamos nosotros el origen de su bloqueo y su estrés.

Fuente: www.solohijos.com
Elena Roger Gamir