Archivo de la categoría: Maternidad

Estado o cualidad de madre. Hospital donde se atiende a las parturientas.

“Lo siento, hijo, me he equivocado”

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¿Quieres que tu hijo aprenda a ser flexible? Pues aquí tienes las palabras mágicas…

“Lo siento, me he equivocado”


Disculparnos ante nuestros hijos lo consideramos en ocasiones como falta de autoridad o debilidad. Sin embargo, lejos de ser eso se trata de la actitud más eficaz para enseñarles que no debemos temer a los errores, que nosotros también nos equivocamos y que reconociéndolo podemos buscar alternativas. Cuando dices esta frase honestamente eres un modelo de flexibilidad cognitiva y tu prestigio crece ante ellos proporcionalmente a tu valor y sinceridad.

A veces, “echarte atrás” en una decisión no es debilidad sino un modelo de coherencia: “¿Sabes lo que te digo? Te he dicho que no pero me he equivocado; no lo había pensado con calma. Lo he pensado mejor y creo que tienes razón. Puedes volver a las 21,00h en lugar de las 20,00h. Prefiero que te acompañen a casa más tarde a que vengas solo antes”.
Tus hijos tienen derecho a decirte que no están de acuerdo contigo y por qué. En esos casos en que legítimamente tengan razón, debemos reconocerlo y cambiar de opinión.

fuente:
Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

¿De verdad pueden ser buenas las náuseas en el embarazo?

¿Son Tan Malas Las Náuseas En El Embarazo?
Foto: ISTOCK Ampliar foto

Náuseas y vómitos son molestias muy frecuentes durante el embarazo. A pesar de lo difícil que es soportarlas, una reciente investigación demuestra que pueden ser beneficiosas para proteger al bebé de agresiones externas.

Un estudio realizado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos ha confirmado que existe una relación protectora entre las náuseas y vómitos que sufre la madre en el embarazo y el menor riesgo de aborto. Asimismo, demuestra que estas molestias protegen al feto contra patógenos y toxinas presentes en alimentos y bebidas.

Estudio de amplio espectro

Los resultados del trabajo han sido publicados en la revista JAMA Internal Medicine. En ella participaron 797 mujeres que estaban o habían estado embarazadas (188 de las encuestadas habían sufrido un aborto). De todas ellas, el 57,3 por ciento refirió náuseas entre la segunda y la octava semana de embarazo, un porcentaje que era del 26,6 por ciento en el caso de náuseas con vómitos.

Los autores de la investigación observaron que las mujeres que manifestaban estos síntomas tuvieron entre un 50 y un 75 por ciento menos probabilidades de perder al feto en desarrollo, en comparación con las que no presentaron ni náuseas, ni náuseas acompañadas por vómito.

Cómo evitar las náuseas en el embarazo

Pese a que las náuseas son comunes e incluso beneficiosas, son muy molestas y hay muchas cosas que se pueden hacer para evitarlas. Aquí, algunas claves.

Sigue una dieta ligera, con pequeñas porciones de alimentos en intervalos cortos y con predominio de fruta y verdura.

Come algo por la mañana antes de salir de la cama para evitar el malestar en ayunas.

Aumenta el consumo de zinc, presente en plátanos, cereales o legumbres-Evita olores desagradables, pues acentúan los mareos y náuseas.-Hay algunos medicamentos que pueden tomarse, pero siempre con precaución y bajo la supervisión del médico.

Mantén una dieta rica en vitamina B6, que ayuda a reducir el malestar y a disminuir la fatiga.

fuente:
Damián Montero
hacerfamilia.com

50 consejos para que tu hijo obedezca a la primera

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Pues no, no voy a darte consejos de cómo hacer para que tu hijo obedezca a la primera. Para que se acueste o recoja su habitación cuando tú lo dices. Voy a decirte por qué en lugar de querer que obedezca a lo que tú dices, debes querer que tenga un pensamiento crítico ante la orden que le acabas de dar.

Todos hemos escuchado a padres y madres que comentan con una orgullosa mirada que sus hijos“no les dan problemas porque son muy obedientes”. Y otros que responden “¡qué suerte tienes! Mi hijo lo desafía todo, ¡ojalá obedeciera a la primera como el tuyo!” … Pues francamente, alguien debería decirles a estos padres que lo importante no es que obedezca a todo ni a la primera sino el proceso cognitivo que hace ya sea para obedecer o no..

¿De verdad quieres un hijo que cuando le dices que haga algo o le niegas algo no se cuestiona el por qué?
Si te paras a pensar, eso significa que cuando vaya creciendo hará lo que diga la mayoría, porque no tendrá recursos para enfrentarse a ella. Se acostumbrará a aceptar lo que le venga dado del exterior. Y lo peor, dependerá de tu criterio porque él no tendrá el suyo propio.

¿Por qué dejarles tanta libertad?


¿Por qué dejarles tanta libertad? ¡Si son solo niños y no saben lo que les convienes, ni siquiera lo que quieren! ¿Desde cuándo los niños deben tomar sus propias decisiones? ¿Para qué están entonces los padres? …Vale, vale… Tienes y no tienes razón…

Obedecer a toda costa, porque lo dices tú, sin darle argumentos que sean significativos para ellos es como beber un refresco para calmar la sed. Te la calma momentáneamente pero luego vuelve la sed con más fuerza.
Esa obediencia ciega es un espejismo si no desarrollas en él previamente una serie de habilidades cognitivas que le permitan a tu hijo tener el criterio suficiente para enfrentarse a nuevas tareas, aprendizajes, problemas o situaciones.
De acuerdo al contexto de cada situación, nuestros hijos emplean operaciones mentales con distintos niveles de complejidad. Si solo pretendemos que obedezcan, tendrán pocas posibilidades de “entrenar” estas operaciones mentales impidiendo aprovechar experiencias anteriores para nuevos aprendizajes.

Desarrollo cognitivo versus obediencia


Detrás de cada comportamiento observable existe un proceso de pensamiento, basado en una serie de habilidades cognitivas. Estas habilidades de pensamiento son las que debemos desarrollar en la mente de nuestros hijos, en lugar de buscar su obediencia.
Y aunque nos moleste reconocerlo, estas habilidades cognitivas se desarrollan precisamente cuando nuestros hijosse niegan” a obedecernos. No siempre pero sí en muchas ocasiones.

En lugar de querer que obedezcan deberíamos querer que:


Deberíamos querer que, en lugar de obedecer, nuestros hijos incrementaran su capacidad de aprender y pensar. Para ello deberíamos tener en cuenta las siguientes funciones cognitivas, ya que ellas pueden ayudarnos no solo a desarrollarlas en nuestros hijos sino también en nosotros mismos para ser modelos de pensamiento crítico para ellos.

En lugar de querer que obedezcan deberíamos querer que:
  1. Consideren dos o más fuentes de información a la vez
  2. Generen posibilidades
  3. Anticipen consecuencias
  4. Tengan en cuenta la ecología de sus acciones
  5. Justifiquen métodos y procedimientos
  6. Apliquen conceptos y principios a nuevas situaciones
  7. Perciban y definan el problema
  8. Distingan entre información relevante y no relevante
  9. Distingan entre hechos y deducciones
  10. Saquen patrones
  11. Piensen hipotéticamente
  12. Tracen estrategias para verificar hipótesis
  13. Se comuniquen de forma descentralizada
  14. Den respuestas certeras y justificadas, sin ensayo-error
  15. Utilicen un vocabulario adecuado en la comunicación
  16. Tengan una conducta controlada…
En definitiva, que comparen, contrasten, categoricen, clasifiquen, justifiquen, critiquen, argumenten, combinen, integren, reordenen, sustituyan, conecten, infieran, predigan, asocien, diferencien, resuman, describan, parafraseen, listen, definan…
¡Todo menos que obedezcan ni a la primera ni a la segunda!

Tratar de convencerlo es tratar de “colonizarlo”, es faltarle al respeto y subestimar su inteligencia.
Tu trabajo como padre y madre es todo lo contrario: acompañarlo mientras aprende a hacer buen uso de su libertad, argumentándole las cosas, preguntándole y ayudándole a buscar respuestas a través de tu mediación.

fuente:
Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

 

¡Quieren ir de fiesta! ¿Los dejamos? ¿Cuándo? ¿A dónde?

Fiestas de adolescentes, ¿cómo decidir si deben ir?

Foto: ISTOCK Ampliar foto

Adolescencia, primeras salidas y fiestas. ¿Deben ir los adolescentes a estas fiestas? ¿Cómo estar seguro de que no habrá nada perjudicial en estos eventos? ¿Puedo confiar en mis hijos? Estas son algunas preguntas que asaltan a los padres en estas situaciones, no hay que cortarles las alas, pero sí habrá que establecer normas y llegar a acuerdos para permitir que los hijos de estas edades participen en estas actividades.

La importancia de socializar en la adolescencia

No se debe impedir al adolescente acudir a este tipo de eventos ya que en estas edades es muy importante socializar. Crear un grupo de amigos y sentirse integrado en él es de vital importancia en los adolescentes. Sin embargo habrá que estar atento al círculo con el que se relaciona y al tipo de actividades.

Una cosa es aceptar que el niño debe relacionarse más allá de la familia y otra es permitir que estas amistades le perjudiquen. Para asegurarse de que esto no ocurre lo mejor es una buena educación que haga que los hijos sepan elegir bien su grupo de amigos en función los valores aprendidos en casa.

Charlar con los adolescentes

Los padres deben hablar con sus hijos adolescentes antes de que estos acudan a una fiesta. La comunicación es la mejor herramienta. Aquellos progenitores que hablan con sus niños sobrealcohol y drogas, tienen más posibilidades de que finalmente estos menores no consuman estos productos una vez que se hagan mayores.

También es recomendable que los padres conozcan a los amigos de sus hijos. Siempre es más seguro permitir que un adolescente acuda a la fiesta que organiza su círculo de amigos más cercano que a aquella que ha realizado un nuevo grupo que es totalmente ajeno a la familia. La información es poder en estos casos.

Para saber cómo son esos amigos, los padres debemos esforzarnos por conocerlos. Tenemos que estar en contacto con ellos y los otros padres, invitarlos a casa para ver cómo se comportan, charlar mucho con nuestros hijos sobre cómo van sus relaciones de amistad para detectar cualquier posible problema antes de que se agrave.

Establecer normas para las salidas nocturnas

Los padres deberán permitir que sus hijos adolescentes acudan a fiestas si hacen que ellos cumplan determinadas normas. Conviene negociar las salidas nocturnas con los hijos adolescentes. Estas son algunas de las normas que se pueden negociar:

– Los adolescentes deben comunicar a los padres dónde tendrá lugar la fiesta. Si esta se produce en casa de un amigo y posteriormente se traslada a algún otro recinto, los progenitores deben tener noticia de ello y en caso de no dar su consentimiento, los hijos deben volver al hogar.

Tiempo límite. El adolescente y el padre deben acordar una hora de regreso que debe cumplirse escrupulosamente. Esta es una excelente manera de comprobar el nivel de responsabilidad que tiene el hijo.

Hablar con los hijos. El adolescente debe tener una charla con sus padres sobre determinados asuntos. Por ejemplo, hay que plantearles qué van a hacer en caso de que haya presencia de alcohol. También hay que hacerles ver que en el supuesto de que aparezca una situación que no controlen, deberán llamar a algún adulto para poner solución.

fuente: 
Damián Montero – hacerfamilia.com

Contador El 86 por ciento de los niños de 13 años tiene teléfono móvil

El 40% de los niños menores de 9 años ya tienen Smartphone
Foto: ISTOCK Ampliar foto

Tres de cuatro niños de 12 años en España ya posee un teléfono móvil. Este número aumenta a partir de los 13 años, ya que el porcentaje de menores que tiene un Smartphone a esta edad es del 86%. Así lo indica la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares realizada por el Instituto Nacional de Estadística, INE.

Aumento de 2,8 puntos

La encuesta del INE refleja cómo las nuevas tecnologías se han introducido en las generaciones más jóvenes. Si se comparan estos datos con el mismo trabajo de 2015 se comprobará que el número de menores de entre 10 y 15 años que poseen un teléfono ha aumentado 2,8 puntos porcentuales. Un crecimiento que se ha producido por tercer año consecutivo y que se prevé aumente en 2017.

Esta encuesta ha comprobado el uso de otros dispositivos por parte de las nuevas generaciones. En este sentido el 94,5% de los menores de entre 10 y 15 años usa el ordenador asiduamente. Una prueba que demuestra cómo las nuevas tecnologías están cada más presentes en la vida de los más jóvenes.

Smartphone para navegar

Los jóvenes de entre 10 y 15 años navegan por la red con asiduidad. Su herramienta favorita para ello es el Smartphone, medio empleado por el 93,3 por ciento de los participantes en este trabajo. El siguiente dispositivo más empleado para esta actividad es el ordenador portátil, 57,8 por ciento de los encuestados, y en tercer lugar aparece el ordenador de sobremesa, 45,4 por ciento.

Tampoco extraña que el número de hogares que cuenten con acceso a la red haya aumentado. Si en 2015 el 78,7 por ciento de las casas contaban con internet, en 2016 esta cifra ha crecido hasta el 82 por ciento. Estos datos se traducen en que en torno a 13 millones de viviendas están conectadas al mundo virtual.

Asegurarse de un uso correcto

Una buena formación por parte de los padres ayudará a que el uso que se dé a estos dispositivos sea el adecuado.

1. Responsabilidad. Si el niño recibe un smartphone, debe aceptar una serie de normas para un uso responsable. Si las infringe, habrá consecuencias.

2. Revisiones. Entre estas normas debe estar la revisión de la actividad que el niño realiza. Debe aceptar que los padres puedan ver de vez en cuando el uso que hace con su móvil.

3. Filtros parentales. El niño debe aceptar que en navegadores y otras aplicaciones se instalen filtros pare evitar que acceda a contenido no recomendado para su edad.

4. El móvil prohibido en el colegio. Puede que queramos que el niño lleve un Smartphone al colegio para estar localizable en caso de emergencia. Pero solo para ello, no para divertirse ni distraerse. En clase el móvil no debe usarse.

5. Cuidado con la información personal. El niño nunca debe facilitar información que pueda dar pistas de cómo localizarlo. En el caso de que estos datos sean necesarios para instalar una aplicación, debe consultarse a los padres para valorar la seguridad.

6. Cuidar el teléfono. No sólo se debe velar por la integridad física del móvil, también hay que tener cuidado de no instalar aplicaciones de dudosa procedencia que puedan abrir la puerta del smartphone a otras personas.

7. El teléfono no es su vida. Hay que transmitirle al niño que su móvil es una herramienta, no un objeto a través del cual se pueda vivir. Se le debe inculcar la necesidad de relacionarse en persona y depender lo menos posible de este objeto.

8. Aprender de los errores. Es inevitable que el niño en alguna ocasión se exceda en el uso del móvil. Aprovecharemos estas situaciones para mejorar su educación.

9. Comunicación. Si alguien empieza a molestar a un niño a través de su móvil, este debe saber que lo primero que debe hacer es poner en conocimiento de los padres esta situación.

10. No emplearlo para acoso. Puede que el niño vea gracioso gastar una broma a un amigo a través de su smartphone. Hay que hacerle ver que al igual que a él puede molestarle recibir estas gracias, a la otra persona también.

Damián Montero

Los ‘millenials’ son la generación que menos problema tiene para ayudar económicamente

Los millenials ponen menos problema para ayudar a sus familiares
Foto: ISTOCK Ampliar foto

Se tiende a pensar erróneamente que las nuevas generaciones son menos caritativas que las anteriores. Existe un falso mito de que los miembros de este sector de la sociedad viven en su mundo y no atiende al resto y ni mucho menos les tienden una mano para ayudarlos. Sin embargo, esto no es así ni de lejos y así lo ha demostrado el estudio de MetLife que refleja que los millenials, generación nacida a finales del milenio pasado, son los más predispuestos a la hora deayudar económicamente a su familia.

De este modo se demuestra que las generaciones más jóvenes tienen muy integrado dentro de sus valores la bondad y la caridad, especialmente dentro del seno familiar. Es más, según este estudio de MetLife para mostrar la actitud de varios grupos de edad a la hora de ayudar, son las personas nacidas en torno a los años 60 quienes mayores problemas presentan a la hora deechar una mano a sus allegados, especialmente en el terreno económico.

Los ‘millenials’ superan a los ‘baby boomers’

MetLife lo deja claro: los millenials son la generación que menos problema tiene a la hora de prestar ayuda económica a sus familiares si estos se la solicitan. Un 85% de los participantes de estas edades tienen una mayor predisposición a la hora de echar un cable a sus allegados. Una cifra que supera a la de generaciones pasadas como los baby boomer, es decir, aquellos que nacieron en el incremento de los nacimientos producidos tras las Segunda Guerra Mundial.

Mientras que en el caso de los millenials es el 85% el porcentaje dispuesto a ayudar a sus familiares a nivel económico, en el caso de los baby boomer es el 77%. Número que si bien es bastante alto, indica una diferencia entre ambas generaciones a la hora de echar un cable a sus allegados. Datos que además rompen con ese mito de que los jóvenes van a lo suyo y que no tienen la caridad en su lista de valores.

Esto puede explicarse porque quizás ha sido la generación de los millenials quienes más ayuda económica han recibido por parte de sus padres desde un primer momento, algo que por el contrario los baby boomer no consiguieron. Por ello es que los nacidos a finales del S. XX tienen muy inculcada la necesidad de prestar ayuda económica a aquellos que en su familia la soliciten.

El papel de los abuelos

Sin embargo, esto no quiere decir que únicamente las generaciones pasadas no arrimen el hombro cuando hace falta. De hecho en otra encuesta de MetLife también se muestra cómo losabuelos son una parte clave para el buen funcionamiento de la familia. De hecho el 62% de estas personas en España afirma ayudar económicamente a sus familiares pese a que sus pensiones son escasas como para permitir este gasto.

Incluso un 34% afirma que esta ayuda económica terminará por repercutirles negativamente, aunque de todas formas los abuelos mantienen que no les supone ningún problema prestar dinero a sus allegados. Por ello no es de extrañar que los nietos que forman parte de los millenials hayan aprendido la importancia de este valor inculcado por las personas de más edad dentro de su familia.

Damián Montero

fuente: hacerfamilia.com

Enséñale a pensar, no a obedecer

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A estas alturas ya sabemos todos nosotros que nuestros hijos no aprenden cuando queremos que aprendan ni aprenden lo que queremos que aprendan. El aprendizaje ocurre cuando se trasforman sus estructuras cognitivas.

Cada información nueva que les das es analizada bajo la luz de los conocimientos previos que tienen en sus estructuras cognitivas. Esto les permite modificarla ya sea porque el nuevo conocimiento amplia lo que ya sabían o porque se dan cuenta con la nueva información que lo que ya sabían no era tan correcto como ellos creían. Contrastan la información nueva con la que ya tenían y así las acomodan produciendo el aprendizaje.

Pero para que ellos sean capaces de trasformar sus estructuras cognitivas necesitan de vuestra ayuda. Nuestro objetivo como padres debería ser ayudar a nuestros hijos, no a que nos obedezcan y respeten las normas impuestas por nosotros, sino a que construyan sus propios esquemas de conocimiento. Esto les permitirá en cualquier circunstancia ser flexible y tomar la mejor posible.

¿Problemas? ¡Bienvenidos sean!


No hay nada más desafiante cognitivamente hablando que enfrentarnos a los problemas o los errores. Lo que no supone un desafío, no exige de nuestros hijos un esfuerzo, cambio o adaptación. Y cada día desaprovechamos gran cantidad de grandes o pequeños desafíos que ignoramos por no dar la importancia que tienen: una pelea entre hermanos, cuando no son responsables de sus tareas, cuando echan la culpa a los demás, cuándo sienten miedo, cuando no saben qué decisión tomar, cuando pegan o insultan, cuando procrastinan, cuando abandonan un proyecto…

Carlos, 10 años. Siempre coloca de cualquier forma la vajilla en el lavaplatos, por más que su padrele explica cuál es la mejor forma de hacerlo. A él no le interesa para nada hacerlo bien.

Para que aprendiera de forma significativa a colocar la vajilla en el mismo, su padre compró un puzle y durante varios días lo montaron juntos. Mientras lo hacían, el padre dirigió su atención hacia las estrategias posibles, teniendo en cuenta puntos de referencia como formas, posición, colores, detalles…
Pasados unos días, ayudó a su hijo a encontrar similitudes entre hacer un puzle y colocar los objetos en el lavavajillas. Le ayudó a fijarse en la forma de los objetos, en el espacio, en las posibles combinaciones para colocarlos… Aprovechó el conocimiento previo de hacer un puzle para que identificara posibles estrategias similares. Desde ese día, Carlos siempre coloca bien los objetos en el lavavajillas, porque el aprendizaje fue significativo y eso hizo que QUISIERA hacerlo bien. Y no solo eso. Esa estrategia de organización le ha servido para aplicarla también al orden en su cuarto.

¿Quieres corregir para un momento o para toda la vida?


Si ayudamos a nuestros hijos a solucionar los problemas sugiriéndoles las soluciones, les evitamos el proceso de contrastación y de acomodación. No han buscado soluciones alternativas, no han seleccionado, ordenado, comparado o clasificado; tampoco han filtrado ni trasmitido un significado específico a esa solución por lo que en su cerebro no ha habido cambio cognitivo.
Es fácil que vuelvan a repetir ese error. Es fácil que echen la culpa de su error a los demás.

Siempre tenemos dos opciones a la hora de corregir a nuestros hijos:

  1. Trabajar en el comportamiento puntual que queremos corregir. Nuestro objetivo aquí sería, por ejemplo, que ordenase su cuarto. En este caso le doy soluciones para que pueda ser ordenado: le ayudo a que elimine los libros que haya leído ya, le propongo que doble la ropa de una manera más eficaz, a que regale la ropa que no usa…
  2. Desarrollar en él las funciones cognitivas necesarias que le permitan tener un pensamiento reflexivo.
    Nuestro objetivo aquí es que ordene su cuarto para que entrene su capacidad de clasificación, de comparación, de planificación, su capacidad de distinguir datos relevantes e irrelevantes, que planifique su conducta… para que más adelante pueda utilizar estas funciones cognitivas en otros escenarios, ya no solo en su cuarto sino en la vida (en los estudios, con los amigos, con la pareja o su jefe el día de mañana…).
    La estrategia aquí es darle motivos para que ordene su habitación (según la edad: te hace más “inteligente”, te ayuda controlar tus pertenencias, te ahorra tiempo y esfuerzo de búsqueda, desarrolla habilidades cognitivas que necesitarás más adelante...), animarle a que detecte cual es el problema por el que no puede ser ordenado (¿demasiada ropa, faltan perchas, sobran trastos, acumula ropa sucia, falta de planificación…?)  y a que busqué soluciones alternativas.

El orden del cuarto nos sirve de excusa para desarrollar habilidades cognitivas que modifiquen sus estructuras de pensamiento. Igual que ocurre cuando mediamos con él en el lavavajillas o en cualquier otra situación. De esta manera, las nuevas habilidades adquiridas pasan a formar parte del funcionamiento cognitivo de manera permanente.

No quieras que sea ordenado, sino que él quiera ser ordenado. No quieras que te hable con respeto, sino que controle su impulsividad al hablar. No quieras que deje de pegar a su hermano sino que encuentre nuevas estrategias para solucionar problemas con los demás.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

fuente: solohijos

Un consejo para llegar a casa y no tirarse como un zombi en el sofá

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Llegas a casa agotado, deseando quitarte los zapatos y tumbarte en el sofá a ver la tele o leer el periódico. No está mal. Pero existe algo mejor.

Imagínate esto.
Llegas a casa. Tu hijo pequeño sale cual rayo veloz a recibirte y tirarse a tus brazos. Lo llenas de besos y le haces cosquillas. Luego saludas a tu pareja con un abrazo sincero, de esos que dicen que te alegras de que acabe el día para volver a verla. Después te diriges a la habitación de tu hijoadolescente, estudiando con los cascos puestos. Se los quitas y le regalas una sonrisa (los más afortunados, también un beso) y una caricia en el pelo.

El sofá sigue estando en tu sitio y te está esperando. Pero ahora es diferente. Cuando te sientes en él, previamente habrás dicho a tu familia en 3 minutos que volver a casa es un privilegio porque están ellos y ellos son tu vida.
Cambia de rutina. Así se convierte una casa en un hogar.

Elena Roger Gamir
pedagoga – Solohijos

fuente: solohijos

Los amigos de los hijos: una influencia bien importante

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Es deseo de todo padre, que sus hijos construyan amistades que les aporten valores a sus vidas, y no al contrario. Es por eso que la amistad y las relaciones sociales, se convierten en una lección importante en el proceso formativo de los hijos.

Construir amistades verdaderas, sanas y sólidas, es posible mediante una educación adecuada en el hogar. Las siguientes premisas básicas servirán de apoyo a los padres en este propósito.

Primero: que se quieran a sí mismos

Antes de enseñarles a entablar amistades y conservarlas, hay que buscar primero que los hijos tengan confianza en ellos mismos, que posean una autoestima sana y positiva, pues son los puntos de partida para establecer relaciones interpersonales con éxito. Éstas les ayudarán además a afrontar con entereza situaciones difíciles, como por ejemplo un rechazo o menosprecio de sus pares.

Darles la oportunidad de hacer amigos

“Es evidente que si los padres pretendemos que nuestros hijos aprendan a relacionarse, a tener amigos e integrarse en sociedad, hemos de darles la oportunidad de lograrlo, ya desde los más tiernos años de la infancia” señala Bernabé Tierno, sicólogo y escritor.

Quiere decir entonces que los padres han de animar a los hijos a crear lazos de amistad, en especial cuando tienden a ser tímidos o retraídos, aunque tampoco es conveniente forzarlos.

Transmitirles los valores y principios de la amistad

La amistad debe considerarse como un regalo y por eso debe estar basada en unos valores como son: ayuda desinteresada, capacidad de entender al otro, empatía, generosidad, respeto, confianza, sinceridad, lealtad, afecto, entre otros.

Conocer los amigos de los hijos

Es primordial desarrollar una relación cercana y armónica con los hijos, pues de esta manera se crea un ambiente de acogida para sus amigos. Invitarlos a casa o transportarlos a alguna actividad, son formas de estar al tanto de los amigos.

Este contacto es vital, pues así los progenitores pueden indagar y conocer a fondo las posibles influencias que se están ejerciendo sobre los hijos. Lo ideal además, es conocer a las familias. No hay que convertirse en íntimos amigos, pero sí tener algún acercamiento para saber si las actitudes y preferencias como padres son compatibles con las propias.

Las amistades son una elección personal

Los amigos son una elección, es decir, cada quien está en libertad de establecer un vínculo con una persona o con otra. En estas decisiones hay mucho en juego, pues una amistad puede llegar a ser tan influyente, que puede determinar el rumbo de una vida. De ahí la importancia de enseñarles a los hijos a formar un criterio propio desde la niñez, el cual cobrará mayor relevancia en la adolescencia.

Enseñarles a establecer un criterio propio

Llega un momento en que los padres no pueden decidir por los hijos, ni actuar por ellos, pues reclaman su independencia y autonomía; será entonces el criterio propio, la mejor herramienta que tendrán los chicos para identificar las amistades que les beneficiarán o les perjudicarán.

“No me gustan los amigos de mi hijo”

Los progenitores están en su deber de informarles a los hijos cuando consideran que una amistad no les es conveniente, pero deben manejar la situación con inteligencia y delicadeza. El sitio padresonones.es expone los siguientes consejos:

– Ante todo hay que diferenciar los amigos que no nos gustan por juicios sin información objetiva de los que realmente ejercen una mala influencia. Amistades negativas son aquellas que contradicen con su ejemplo los valores que los padres les están enseñando, les inducen a un comportamiento inadecuado o les manipulan y presionan. Si la educación de nuestro hijo hasta el momento de su adolescencia, ha sido a través de un camino de valores y buenas acciones, tendrá una base sólida, y menos manipulable, aunque eso no garantice la influencia por parte de sus amigos.

– Cuando los niños son pequeños es más fácil hacer que cambien de amistad. Basta modificar sus hábitos para que entable nuevas relaciones, pero en la adolescencia la situación es diferente.

– No criticar a los amigos, ya que así se refuerza la actitud del hijo, que no dudará en defenderles. Es mejor cuestionar actitudes concretas y no hay que olvidar que es mejor la persuasión que la prohibición.

– También ayuda conocer la relación de amistad. En ocasiones la mala influencia se deba a una falta de confianza en sí mismo. En ese caso en lugar de insistir en que deje a ese amigo, es mejor reforzar su autoestima para evitar que sea fácilmente manejable.

– La comunicación es la base para evitar problemas. En momentos de conflicto, es importante dialogar con ellos sobre situaciones de riesgo, pero evitando sermones. Comunicarse es la mejor forma de que escuchen y sigan nuestras orientaciones.

– La mejor prevención es sin duda una buena relación familiar que favorece que el niño confíe en sus padres y sea menos manipulable por su entorno.

– Es también positivo promover diversos grupos de amistades, de forma que sea más difícil que se dejen llevar por las presiones de un grupo concreto. En un momento en el que un amigo ejerza una mala influencia, otro amigo podrá contrarrestarla.

Los padres no pueden desligarse de este tema, deben acompañar a sus hijos en todo el proceso, con amor, autoridad y dedicación, seguramente lo lograrán.

fuente: lafamilia.info

¡Cuando hay estrés es imposible aprender!

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¿Cuál es la gasolina del cerebro? ¿Cómo aprenden nuestros hijos? ¿Cómo hemos de educar para aprovechar al máximo sus capacidades? ¿Cómo ayudarles a que tomen decisiones acertadas?

Independientemente de las capacidades de nuestro hijo, aprender debería ser un proceso positivo, un desafío estimulante que despertara su curiosidad y su hambre de descubrimiento. Sin embargo, cada vez se ven más niños estresados y tristes. Sin apenas tiempo libre, ya no solo para jugar, sino para pasar tiempo con su familia.

Niños con un gran potencial cognitivo que se sienten “tontos” (palabras textuales de los niños). Que no intentan las cosas porque piensan que van a fracasar. Niños que creen que, sin ayuda de sus padres o del profesor particular, son incapaces de aprobar las asignaturas (mucho menos de aprender, que es distinto).

Acompaño, pedagógicamente hablando, a padres que están más estresados que sus hijos porque no saben qué hacer para que se organicen con la agenda o con los deberes. Qué cada día buscan la manera de que sus hijos se levanten con una sonrisa, y no con el modo “odio ir al colegio”. Que tienen prisa por acostarlos para poder respirar” al final del día.

¿Cosas buenas de mí? Pues no se me ocurren…


Tanta presión, tanto forzar a nuestros hijos a hacer lo que toca y lo que es correcto, tanto querer sacar de ellos lo mejor sin pensar en sus verdaderas necesidades y capacidades, tanto exigirles que alcancen metas que ni siquiera hemos puesto nosotros…tanto estrés no les proveerá de buenas habilidades cognitivas para tomar buenas decisiones en el futuro. Ni para ser hombres y mujeres equilibrados el día de mañana.

Conseguimos el efecto contrario. Como muestra, mi diálogo con un alumno de 8 años. A mi pregunta de ¿Cuáles son tus supertalentos? él responde: 

  • Alumno: No lo sé. Yo no tengo supertalentos.
  • Yo: Piensa en algo que te guste de ti.
  • Alumno: Nada, no sé…déjame pensar… No se me ocurre nada.
  • Yo: Piensa en alguna cosa que te gusta hacer, en las que disfrutas. Seguro que encuentras pistas interesantes…
  • Alumno: (después de pensarlo un rato) ¡Que no tengo supertalentos, te lo digo yo! Pongo a todo el mundo nervioso, y todos se enfadan conmigo. Saco malas notas y me han puesto en primera fila porque molesto a los demás. Ni siquiera sé jugar al fútbol…además, nadie me elige en los grupos de clase…”

Todo esto en un contexto de abatimiento. ¡Y no es el único! Por supuesto, luego es posible ayudarle a ver sus puntos fuertes pero, de entrada, solo piensa en sus aspectos negativos. ¡Así crece gran parte de nuestra infancia y adolescencia!

¿Cómo le va a gustar aprender a un niño de 13 años si se queda hasta las 21,00h haciendo deberes?


El niño siente que no da la talla, que ha decepcionado a las personas que más quiere en el mundo y a otros que han confiado en él, que nunca cambiará, que no es inteligente, que mejor quedarse“quietecito” y no “meter la pata”, que la vida no es el lugar maravilloso que le cuentan los demás…

De poco servirá que yo le ayude a detectar cuáles son algunos de sus supertalentos. Si no los siente como tales, no existen para él.
Para que reconozca en sí mismo sus supertalentos, para que se conozca y se atreva, padres y profesores debemos aprender un poco (o mucho) de lo que la neuroeducación nos dice sobre aprendizaje.
Debemos conocer qué funciones mentales participan en el aprendizaje y cómo le afecta el estrés, qué objetivos les estamos exigiendo y si se ajustan a su edad madurativa. Fomentar lametaconición y la toma de decisiones basada en unas buenas habilidades cognitivas. Debemos fomentar el aprendizaje significativo y trascendente.

Veamos en este vídeo lo que dicen los expertos en neuroeducación sobre lo que es mejor para el cerebro y el corazón de nuestros hijos. El vídeo va dirigido al cambio en el colegio pero es perfectamente aplicable a nuestro trabajo de mediadores con nuestros hijos.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

Fuente: solohijos