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Acción y efecto de educar. Crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y a los jóvenes. Instrucción por medio de la acción docente. Cortesía, urbanidad.

5 planes alternativos a una tarde de deberes escolares

Alternativas a una tarde de deberes

Foto: ISTOCK Ampliar foto

Durante los últimos años, los niños españoles están viendo comprometida su infancia por los deberes escolares. El exceso de deberes y tareas no les deja tiempo para realizar otro tipo de actividades que son fundamentales para el desarrollo de los niños. Y es que tan importante es el aprendizaje para los niños como disponer de tiempo de ocio para que diviertan con actividades educativas y productivas.

Según los datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los españoles dedican de media 6,5 horas semanales a hacer deberes, una cifra coloca a España en el quinto país que pone más deberes. Tanto es así que su nivel de estrés se encuentra 20 puntos por encima de la media mundial según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los deberes familiares y la conciliación familiar

Estas largas jornadas de deberes perjudican a los niños, según el informe de la OMS el 53% de los niños y el 55% de las niñas españoles están agobiados por las tareas escolares. Esto afecta a todo el entorno familiar, favorece las discusiones en el hogar y perturba la convivencia.

En algunas ocasiones los padres tienen que prestar apoyo a sus hijos, incluso cuando no tienen los conocimientos necesarios para ayudarles, provocando un sentimiento de impotencia en los padres y de frustración en los niños y evitando que disfruten en mayor medida del tiempo que pasan juntos.

“Los deberes deben ser siempre un refuerzo al trabajo que se realiza en el aula, desarrollando habilidades personales que permiten afianzar el aprendizaje: memorizar, indagar sobre nueva información, desarrollar habilidades de planificación, estimular la creatividad, etc.”, asegura Ana Herrero, coordinadora de los Departamentos de Orientación de Brains International School. “El aprendizaje de los niños no se puede resumir al ámbito académico, hay que potenciar su creatividad y permitirles un espacio para que jueguen y se relacionen con otros niños a través de actividades extraescolares, del ejercicio físico o del simple juego”, indica.

Planes alternativos a una tarde de deberes

1. Lectura: un buen libro, la mejor alternativa a los deberes. La lectura beneficia en muchos aspectos a los niños, potencia la creatividad, amplía los conocimientos y mejora la capacidad de concentración y retención de los niños. Además, crea un hábito de trabajo y de dedicación que les será útil en el futuro.

Lectura: una alternativa a los deberes

2. Actividades extraescolares, otros campos para aprender. Ampliar las fronteras de los niños con actividades extraescolares es muy beneficioso ya que son un complemento activo a la educación de los niños: baloncesto, solfeo, natación o baile son actividades que desarrollan sus habilidades y facilitan un aprendizaje alternativo.

3. Jugar en la calle. Recuperar el tiempo juego al aire libre es una obligación educativa. Jugar en el parque o practicar un deporte en una cancha facilita el desarrollo cognitivo y emocional en muchos aspectos, entre los que destaca la capacidad de relacionarse con otros niños. El juego tiene que formar parte de su rutina diaria también fuera del patio de recreo y, a ser posible, al aire libre.

4. Actividades de ocio como experiencias para el aprendizaje. Ir al teatro, a un museo, al zoo o simplemente dar un paseo por la ciudad son actividades excitantes que muestran a los niños otras realidades del mundo en el que viven. Estas actividades fomentan su curiosidad y les proporcionan una mayor capacidad de entendimiento.

5. Aprovechar el tiempo en familia. Pasar tiempo en familia, bien sea yendo al parque o haciendo manualidades los días de lluvia, estrechan lazos entre padres, hijos y hermanos. Establecer una rutina de cenar en familia, descansar viendo una película o contar un cuento a los niños antes de ir a dormir establecen lazos que perduran toda la vida.

Ana Herrero. Coordinadora del Colegio Braims

fuente:
hacerfamilia.com

¡Quieren ir de fiesta! ¿Los dejamos? ¿Cuándo? ¿A dónde?

Fiestas de adolescentes, ¿cómo decidir si deben ir?

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Adolescencia, primeras salidas y fiestas. ¿Deben ir los adolescentes a estas fiestas? ¿Cómo estar seguro de que no habrá nada perjudicial en estos eventos? ¿Puedo confiar en mis hijos? Estas son algunas preguntas que asaltan a los padres en estas situaciones, no hay que cortarles las alas, pero sí habrá que establecer normas y llegar a acuerdos para permitir que los hijos de estas edades participen en estas actividades.

La importancia de socializar en la adolescencia

No se debe impedir al adolescente acudir a este tipo de eventos ya que en estas edades es muy importante socializar. Crear un grupo de amigos y sentirse integrado en él es de vital importancia en los adolescentes. Sin embargo habrá que estar atento al círculo con el que se relaciona y al tipo de actividades.

Una cosa es aceptar que el niño debe relacionarse más allá de la familia y otra es permitir que estas amistades le perjudiquen. Para asegurarse de que esto no ocurre lo mejor es una buena educación que haga que los hijos sepan elegir bien su grupo de amigos en función los valores aprendidos en casa.

Charlar con los adolescentes

Los padres deben hablar con sus hijos adolescentes antes de que estos acudan a una fiesta. La comunicación es la mejor herramienta. Aquellos progenitores que hablan con sus niños sobrealcohol y drogas, tienen más posibilidades de que finalmente estos menores no consuman estos productos una vez que se hagan mayores.

También es recomendable que los padres conozcan a los amigos de sus hijos. Siempre es más seguro permitir que un adolescente acuda a la fiesta que organiza su círculo de amigos más cercano que a aquella que ha realizado un nuevo grupo que es totalmente ajeno a la familia. La información es poder en estos casos.

Para saber cómo son esos amigos, los padres debemos esforzarnos por conocerlos. Tenemos que estar en contacto con ellos y los otros padres, invitarlos a casa para ver cómo se comportan, charlar mucho con nuestros hijos sobre cómo van sus relaciones de amistad para detectar cualquier posible problema antes de que se agrave.

Establecer normas para las salidas nocturnas

Los padres deberán permitir que sus hijos adolescentes acudan a fiestas si hacen que ellos cumplan determinadas normas. Conviene negociar las salidas nocturnas con los hijos adolescentes. Estas son algunas de las normas que se pueden negociar:

– Los adolescentes deben comunicar a los padres dónde tendrá lugar la fiesta. Si esta se produce en casa de un amigo y posteriormente se traslada a algún otro recinto, los progenitores deben tener noticia de ello y en caso de no dar su consentimiento, los hijos deben volver al hogar.

Tiempo límite. El adolescente y el padre deben acordar una hora de regreso que debe cumplirse escrupulosamente. Esta es una excelente manera de comprobar el nivel de responsabilidad que tiene el hijo.

Hablar con los hijos. El adolescente debe tener una charla con sus padres sobre determinados asuntos. Por ejemplo, hay que plantearles qué van a hacer en caso de que haya presencia de alcohol. También hay que hacerles ver que en el supuesto de que aparezca una situación que no controlen, deberán llamar a algún adulto para poner solución.

fuente: 
Damián Montero – hacerfamilia.com

¿Cómo aprende un niño pequeño?

como-aprende-un-nino-pequeno.jpgNos gusta este vídeo porque nos enseña cómo debe ser la educación del futuro en las escuelas pero nosotros queremos que lo veas para que entiendas cómo procesa la información tu hijo: aprende emocionándose, descubriendo, induciendo y deduciendo. Haciendo hipótesis cuando juega con barro o contempla una mariposa. Cuando se moja con la lluvia y siente frío. O cuando rompe sin querer su juguete y siente tristeza o cuando abraza a su perro.

Un vídeo muy clarito, de tan solo 59 segundos, para que afines tu modo de presentar la información a tu hijo. Si quieres que aprenda, ten en cuenta todos sus sentidos y su cerebro emocional.

 

 

Fuente: solohijos.com

Los ‘millenials’ son la generación que menos problema tiene para ayudar económicamente

Los millenials ponen menos problema para ayudar a sus familiares
Foto: ISTOCK Ampliar foto

Se tiende a pensar erróneamente que las nuevas generaciones son menos caritativas que las anteriores. Existe un falso mito de que los miembros de este sector de la sociedad viven en su mundo y no atiende al resto y ni mucho menos les tienden una mano para ayudarlos. Sin embargo, esto no es así ni de lejos y así lo ha demostrado el estudio de MetLife que refleja que los millenials, generación nacida a finales del milenio pasado, son los más predispuestos a la hora deayudar económicamente a su familia.

De este modo se demuestra que las generaciones más jóvenes tienen muy integrado dentro de sus valores la bondad y la caridad, especialmente dentro del seno familiar. Es más, según este estudio de MetLife para mostrar la actitud de varios grupos de edad a la hora de ayudar, son las personas nacidas en torno a los años 60 quienes mayores problemas presentan a la hora deechar una mano a sus allegados, especialmente en el terreno económico.

Los ‘millenials’ superan a los ‘baby boomers’

MetLife lo deja claro: los millenials son la generación que menos problema tiene a la hora de prestar ayuda económica a sus familiares si estos se la solicitan. Un 85% de los participantes de estas edades tienen una mayor predisposición a la hora de echar un cable a sus allegados. Una cifra que supera a la de generaciones pasadas como los baby boomer, es decir, aquellos que nacieron en el incremento de los nacimientos producidos tras las Segunda Guerra Mundial.

Mientras que en el caso de los millenials es el 85% el porcentaje dispuesto a ayudar a sus familiares a nivel económico, en el caso de los baby boomer es el 77%. Número que si bien es bastante alto, indica una diferencia entre ambas generaciones a la hora de echar un cable a sus allegados. Datos que además rompen con ese mito de que los jóvenes van a lo suyo y que no tienen la caridad en su lista de valores.

Esto puede explicarse porque quizás ha sido la generación de los millenials quienes más ayuda económica han recibido por parte de sus padres desde un primer momento, algo que por el contrario los baby boomer no consiguieron. Por ello es que los nacidos a finales del S. XX tienen muy inculcada la necesidad de prestar ayuda económica a aquellos que en su familia la soliciten.

El papel de los abuelos

Sin embargo, esto no quiere decir que únicamente las generaciones pasadas no arrimen el hombro cuando hace falta. De hecho en otra encuesta de MetLife también se muestra cómo losabuelos son una parte clave para el buen funcionamiento de la familia. De hecho el 62% de estas personas en España afirma ayudar económicamente a sus familiares pese a que sus pensiones son escasas como para permitir este gasto.

Incluso un 34% afirma que esta ayuda económica terminará por repercutirles negativamente, aunque de todas formas los abuelos mantienen que no les supone ningún problema prestar dinero a sus allegados. Por ello no es de extrañar que los nietos que forman parte de los millenials hayan aprendido la importancia de este valor inculcado por las personas de más edad dentro de su familia.

Damián Montero

fuente: hacerfamilia.com

Enséñale a pensar, no a obedecer

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A estas alturas ya sabemos todos nosotros que nuestros hijos no aprenden cuando queremos que aprendan ni aprenden lo que queremos que aprendan. El aprendizaje ocurre cuando se trasforman sus estructuras cognitivas.

Cada información nueva que les das es analizada bajo la luz de los conocimientos previos que tienen en sus estructuras cognitivas. Esto les permite modificarla ya sea porque el nuevo conocimiento amplia lo que ya sabían o porque se dan cuenta con la nueva información que lo que ya sabían no era tan correcto como ellos creían. Contrastan la información nueva con la que ya tenían y así las acomodan produciendo el aprendizaje.

Pero para que ellos sean capaces de trasformar sus estructuras cognitivas necesitan de vuestra ayuda. Nuestro objetivo como padres debería ser ayudar a nuestros hijos, no a que nos obedezcan y respeten las normas impuestas por nosotros, sino a que construyan sus propios esquemas de conocimiento. Esto les permitirá en cualquier circunstancia ser flexible y tomar la mejor posible.

¿Problemas? ¡Bienvenidos sean!


No hay nada más desafiante cognitivamente hablando que enfrentarnos a los problemas o los errores. Lo que no supone un desafío, no exige de nuestros hijos un esfuerzo, cambio o adaptación. Y cada día desaprovechamos gran cantidad de grandes o pequeños desafíos que ignoramos por no dar la importancia que tienen: una pelea entre hermanos, cuando no son responsables de sus tareas, cuando echan la culpa a los demás, cuándo sienten miedo, cuando no saben qué decisión tomar, cuando pegan o insultan, cuando procrastinan, cuando abandonan un proyecto…

Carlos, 10 años. Siempre coloca de cualquier forma la vajilla en el lavaplatos, por más que su padrele explica cuál es la mejor forma de hacerlo. A él no le interesa para nada hacerlo bien.

Para que aprendiera de forma significativa a colocar la vajilla en el mismo, su padre compró un puzle y durante varios días lo montaron juntos. Mientras lo hacían, el padre dirigió su atención hacia las estrategias posibles, teniendo en cuenta puntos de referencia como formas, posición, colores, detalles…
Pasados unos días, ayudó a su hijo a encontrar similitudes entre hacer un puzle y colocar los objetos en el lavavajillas. Le ayudó a fijarse en la forma de los objetos, en el espacio, en las posibles combinaciones para colocarlos… Aprovechó el conocimiento previo de hacer un puzle para que identificara posibles estrategias similares. Desde ese día, Carlos siempre coloca bien los objetos en el lavavajillas, porque el aprendizaje fue significativo y eso hizo que QUISIERA hacerlo bien. Y no solo eso. Esa estrategia de organización le ha servido para aplicarla también al orden en su cuarto.

¿Quieres corregir para un momento o para toda la vida?


Si ayudamos a nuestros hijos a solucionar los problemas sugiriéndoles las soluciones, les evitamos el proceso de contrastación y de acomodación. No han buscado soluciones alternativas, no han seleccionado, ordenado, comparado o clasificado; tampoco han filtrado ni trasmitido un significado específico a esa solución por lo que en su cerebro no ha habido cambio cognitivo.
Es fácil que vuelvan a repetir ese error. Es fácil que echen la culpa de su error a los demás.

Siempre tenemos dos opciones a la hora de corregir a nuestros hijos:

  1. Trabajar en el comportamiento puntual que queremos corregir. Nuestro objetivo aquí sería, por ejemplo, que ordenase su cuarto. En este caso le doy soluciones para que pueda ser ordenado: le ayudo a que elimine los libros que haya leído ya, le propongo que doble la ropa de una manera más eficaz, a que regale la ropa que no usa…
  2. Desarrollar en él las funciones cognitivas necesarias que le permitan tener un pensamiento reflexivo.
    Nuestro objetivo aquí es que ordene su cuarto para que entrene su capacidad de clasificación, de comparación, de planificación, su capacidad de distinguir datos relevantes e irrelevantes, que planifique su conducta… para que más adelante pueda utilizar estas funciones cognitivas en otros escenarios, ya no solo en su cuarto sino en la vida (en los estudios, con los amigos, con la pareja o su jefe el día de mañana…).
    La estrategia aquí es darle motivos para que ordene su habitación (según la edad: te hace más “inteligente”, te ayuda controlar tus pertenencias, te ahorra tiempo y esfuerzo de búsqueda, desarrolla habilidades cognitivas que necesitarás más adelante...), animarle a que detecte cual es el problema por el que no puede ser ordenado (¿demasiada ropa, faltan perchas, sobran trastos, acumula ropa sucia, falta de planificación…?)  y a que busqué soluciones alternativas.

El orden del cuarto nos sirve de excusa para desarrollar habilidades cognitivas que modifiquen sus estructuras de pensamiento. Igual que ocurre cuando mediamos con él en el lavavajillas o en cualquier otra situación. De esta manera, las nuevas habilidades adquiridas pasan a formar parte del funcionamiento cognitivo de manera permanente.

No quieras que sea ordenado, sino que él quiera ser ordenado. No quieras que te hable con respeto, sino que controle su impulsividad al hablar. No quieras que deje de pegar a su hermano sino que encuentre nuevas estrategias para solucionar problemas con los demás.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

fuente: solohijos

Un consejo para llegar a casa y no tirarse como un zombi en el sofá

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Llegas a casa agotado, deseando quitarte los zapatos y tumbarte en el sofá a ver la tele o leer el periódico. No está mal. Pero existe algo mejor.

Imagínate esto.
Llegas a casa. Tu hijo pequeño sale cual rayo veloz a recibirte y tirarse a tus brazos. Lo llenas de besos y le haces cosquillas. Luego saludas a tu pareja con un abrazo sincero, de esos que dicen que te alegras de que acabe el día para volver a verla. Después te diriges a la habitación de tu hijoadolescente, estudiando con los cascos puestos. Se los quitas y le regalas una sonrisa (los más afortunados, también un beso) y una caricia en el pelo.

El sofá sigue estando en tu sitio y te está esperando. Pero ahora es diferente. Cuando te sientes en él, previamente habrás dicho a tu familia en 3 minutos que volver a casa es un privilegio porque están ellos y ellos son tu vida.
Cambia de rutina. Así se convierte una casa en un hogar.

Elena Roger Gamir
pedagoga – Solohijos

fuente: solohijos

Los amigos de los hijos: una influencia bien importante

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Es deseo de todo padre, que sus hijos construyan amistades que les aporten valores a sus vidas, y no al contrario. Es por eso que la amistad y las relaciones sociales, se convierten en una lección importante en el proceso formativo de los hijos.

Construir amistades verdaderas, sanas y sólidas, es posible mediante una educación adecuada en el hogar. Las siguientes premisas básicas servirán de apoyo a los padres en este propósito.

Primero: que se quieran a sí mismos

Antes de enseñarles a entablar amistades y conservarlas, hay que buscar primero que los hijos tengan confianza en ellos mismos, que posean una autoestima sana y positiva, pues son los puntos de partida para establecer relaciones interpersonales con éxito. Éstas les ayudarán además a afrontar con entereza situaciones difíciles, como por ejemplo un rechazo o menosprecio de sus pares.

Darles la oportunidad de hacer amigos

“Es evidente que si los padres pretendemos que nuestros hijos aprendan a relacionarse, a tener amigos e integrarse en sociedad, hemos de darles la oportunidad de lograrlo, ya desde los más tiernos años de la infancia” señala Bernabé Tierno, sicólogo y escritor.

Quiere decir entonces que los padres han de animar a los hijos a crear lazos de amistad, en especial cuando tienden a ser tímidos o retraídos, aunque tampoco es conveniente forzarlos.

Transmitirles los valores y principios de la amistad

La amistad debe considerarse como un regalo y por eso debe estar basada en unos valores como son: ayuda desinteresada, capacidad de entender al otro, empatía, generosidad, respeto, confianza, sinceridad, lealtad, afecto, entre otros.

Conocer los amigos de los hijos

Es primordial desarrollar una relación cercana y armónica con los hijos, pues de esta manera se crea un ambiente de acogida para sus amigos. Invitarlos a casa o transportarlos a alguna actividad, son formas de estar al tanto de los amigos.

Este contacto es vital, pues así los progenitores pueden indagar y conocer a fondo las posibles influencias que se están ejerciendo sobre los hijos. Lo ideal además, es conocer a las familias. No hay que convertirse en íntimos amigos, pero sí tener algún acercamiento para saber si las actitudes y preferencias como padres son compatibles con las propias.

Las amistades son una elección personal

Los amigos son una elección, es decir, cada quien está en libertad de establecer un vínculo con una persona o con otra. En estas decisiones hay mucho en juego, pues una amistad puede llegar a ser tan influyente, que puede determinar el rumbo de una vida. De ahí la importancia de enseñarles a los hijos a formar un criterio propio desde la niñez, el cual cobrará mayor relevancia en la adolescencia.

Enseñarles a establecer un criterio propio

Llega un momento en que los padres no pueden decidir por los hijos, ni actuar por ellos, pues reclaman su independencia y autonomía; será entonces el criterio propio, la mejor herramienta que tendrán los chicos para identificar las amistades que les beneficiarán o les perjudicarán.

“No me gustan los amigos de mi hijo”

Los progenitores están en su deber de informarles a los hijos cuando consideran que una amistad no les es conveniente, pero deben manejar la situación con inteligencia y delicadeza. El sitio padresonones.es expone los siguientes consejos:

– Ante todo hay que diferenciar los amigos que no nos gustan por juicios sin información objetiva de los que realmente ejercen una mala influencia. Amistades negativas son aquellas que contradicen con su ejemplo los valores que los padres les están enseñando, les inducen a un comportamiento inadecuado o les manipulan y presionan. Si la educación de nuestro hijo hasta el momento de su adolescencia, ha sido a través de un camino de valores y buenas acciones, tendrá una base sólida, y menos manipulable, aunque eso no garantice la influencia por parte de sus amigos.

– Cuando los niños son pequeños es más fácil hacer que cambien de amistad. Basta modificar sus hábitos para que entable nuevas relaciones, pero en la adolescencia la situación es diferente.

– No criticar a los amigos, ya que así se refuerza la actitud del hijo, que no dudará en defenderles. Es mejor cuestionar actitudes concretas y no hay que olvidar que es mejor la persuasión que la prohibición.

– También ayuda conocer la relación de amistad. En ocasiones la mala influencia se deba a una falta de confianza en sí mismo. En ese caso en lugar de insistir en que deje a ese amigo, es mejor reforzar su autoestima para evitar que sea fácilmente manejable.

– La comunicación es la base para evitar problemas. En momentos de conflicto, es importante dialogar con ellos sobre situaciones de riesgo, pero evitando sermones. Comunicarse es la mejor forma de que escuchen y sigan nuestras orientaciones.

– La mejor prevención es sin duda una buena relación familiar que favorece que el niño confíe en sus padres y sea menos manipulable por su entorno.

– Es también positivo promover diversos grupos de amistades, de forma que sea más difícil que se dejen llevar por las presiones de un grupo concreto. En un momento en el que un amigo ejerza una mala influencia, otro amigo podrá contrarrestarla.

Los padres no pueden desligarse de este tema, deben acompañar a sus hijos en todo el proceso, con amor, autoridad y dedicación, seguramente lo lograrán.

fuente: lafamilia.info

¡Cuando hay estrés es imposible aprender!

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¿Cuál es la gasolina del cerebro? ¿Cómo aprenden nuestros hijos? ¿Cómo hemos de educar para aprovechar al máximo sus capacidades? ¿Cómo ayudarles a que tomen decisiones acertadas?

Independientemente de las capacidades de nuestro hijo, aprender debería ser un proceso positivo, un desafío estimulante que despertara su curiosidad y su hambre de descubrimiento. Sin embargo, cada vez se ven más niños estresados y tristes. Sin apenas tiempo libre, ya no solo para jugar, sino para pasar tiempo con su familia.

Niños con un gran potencial cognitivo que se sienten “tontos” (palabras textuales de los niños). Que no intentan las cosas porque piensan que van a fracasar. Niños que creen que, sin ayuda de sus padres o del profesor particular, son incapaces de aprobar las asignaturas (mucho menos de aprender, que es distinto).

Acompaño, pedagógicamente hablando, a padres que están más estresados que sus hijos porque no saben qué hacer para que se organicen con la agenda o con los deberes. Qué cada día buscan la manera de que sus hijos se levanten con una sonrisa, y no con el modo “odio ir al colegio”. Que tienen prisa por acostarlos para poder respirar” al final del día.

¿Cosas buenas de mí? Pues no se me ocurren…


Tanta presión, tanto forzar a nuestros hijos a hacer lo que toca y lo que es correcto, tanto querer sacar de ellos lo mejor sin pensar en sus verdaderas necesidades y capacidades, tanto exigirles que alcancen metas que ni siquiera hemos puesto nosotros…tanto estrés no les proveerá de buenas habilidades cognitivas para tomar buenas decisiones en el futuro. Ni para ser hombres y mujeres equilibrados el día de mañana.

Conseguimos el efecto contrario. Como muestra, mi diálogo con un alumno de 8 años. A mi pregunta de ¿Cuáles son tus supertalentos? él responde: 

  • Alumno: No lo sé. Yo no tengo supertalentos.
  • Yo: Piensa en algo que te guste de ti.
  • Alumno: Nada, no sé…déjame pensar… No se me ocurre nada.
  • Yo: Piensa en alguna cosa que te gusta hacer, en las que disfrutas. Seguro que encuentras pistas interesantes…
  • Alumno: (después de pensarlo un rato) ¡Que no tengo supertalentos, te lo digo yo! Pongo a todo el mundo nervioso, y todos se enfadan conmigo. Saco malas notas y me han puesto en primera fila porque molesto a los demás. Ni siquiera sé jugar al fútbol…además, nadie me elige en los grupos de clase…”

Todo esto en un contexto de abatimiento. ¡Y no es el único! Por supuesto, luego es posible ayudarle a ver sus puntos fuertes pero, de entrada, solo piensa en sus aspectos negativos. ¡Así crece gran parte de nuestra infancia y adolescencia!

¿Cómo le va a gustar aprender a un niño de 13 años si se queda hasta las 21,00h haciendo deberes?


El niño siente que no da la talla, que ha decepcionado a las personas que más quiere en el mundo y a otros que han confiado en él, que nunca cambiará, que no es inteligente, que mejor quedarse“quietecito” y no “meter la pata”, que la vida no es el lugar maravilloso que le cuentan los demás…

De poco servirá que yo le ayude a detectar cuáles son algunos de sus supertalentos. Si no los siente como tales, no existen para él.
Para que reconozca en sí mismo sus supertalentos, para que se conozca y se atreva, padres y profesores debemos aprender un poco (o mucho) de lo que la neuroeducación nos dice sobre aprendizaje.
Debemos conocer qué funciones mentales participan en el aprendizaje y cómo le afecta el estrés, qué objetivos les estamos exigiendo y si se ajustan a su edad madurativa. Fomentar lametaconición y la toma de decisiones basada en unas buenas habilidades cognitivas. Debemos fomentar el aprendizaje significativo y trascendente.

Veamos en este vídeo lo que dicen los expertos en neuroeducación sobre lo que es mejor para el cerebro y el corazón de nuestros hijos. El vídeo va dirigido al cambio en el colegio pero es perfectamente aplicable a nuestro trabajo de mediadores con nuestros hijos.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

Fuente: solohijos

Contador El nuevo narcisismo: la comparación y la competición en redes sociales

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El narcisismo es una condición que supone una excesiva admiración por uno mismo, por las propias cualidades, ya sean físicas, psíquicas o ambas. El origen del término alude al mito de Narciso, quien por admirar demasiado su imagen en el agua, murió ahogado. Más allá del espejo,ahora el narcisismo se proyecta en redes sociales.

En la actualidad, el enamoramiento de uno mismo se desplaza, ya no tiene su objeto en el reflejo de la propia imagen en el agua como Narciso o en el espejo como antes, sino en el reflejo de la misma en las redes sociales. Una excesiva estima hacía uno mismo puede ser muy peligrosa y tornarse patológica desencadenando en graves consecuencias negativas.

El narcisismo clásico

El narcisismo es una estima excesiva hacia uno mismo, una sobreestima que acarrea graves problemas para el bienestar y la felicidad de la persona. El narcisismo puede considerarse como uno de los rasgos de la personalidad normal, pero que también puede tornarse en una severa patología.

El narcisismo en exceso, no es más que una aparente sobreestima que, en la mayoría de los casos esconde realmente una baja autoestima. El sujeto que sabe que debe sentir afecto hacía sí mismo, no experimenta tales afectos y como estrategia para paliar el malestar generado por esta carencia desarrolla una excesiva vanidad y sobre estima, además de una exagerada búsqueda de admiración y reconocimiento de los demás.

Cuando esto ocurre, la persona ve comprometidas severamente sus habilidades sociales, y sus habilidades para vivir una vida feliz y sentirse a gusto consigo mismo.

El nuevo narcisismo y su proyección en redes sociales

Narcisismo y redes sociales

El nuevo narcisismo es una renovación de esta tendencia tradicional. Las redes sociales han supuesto una auténtica revolución en la manera de relacionarnos, de pertenecer a un grupo e incluso de mostrarnos ante los demás. El valor social de la persona queda relegado al número de reacciones que tienen sus publicaciones, no importa si no tiene contacto real con sus seguidores o amigos virtuales.

Se trata de nuevas estrategias de captar la atención de los demás, de conseguir su admiración para alimentar su personalidad egocéntrica. Las reacciones ante las publicaciones poco a poco enganchan al narcisista que ve cubiertas, aunque sea de un modo irreal sus necesidades de admiración y de afirmación. De este modo, la autoestima se alimenta efímeramente con cada publicación y es necesario mantener al día las publicaciones para obtener la nueva dosis deautoestima. Poco a poco la imagen virtual cobra un gran peso y, también se torna más irreal, filtros, posados, exageración de la felicidad, que se alejan de la imagen real de la persona.

La comparación y la competición propias del narcisismo

En el nuevo narcisismo aparece además un nuevo matiz que tiene que ver con sentirse superior a los demás. A menudo, estas personas se comparan con otros usuarios similares y compiten por obtener más o mejores reacciones. Pasan horas pendientes de las reacciones de los demás a sus publicaciones y van más allá, también pasan horas pendientes de las respuestas que obtienen otras personas. Entrando de este modo en una absurda competición por conseguir un mayor número de “me gusta” y de esta manera experimentar esa necesitada sensación, esa sensación de superioridad que calma sus carencias.

¿Qué podemos hacer para no caer en el narcisismo?

1.  Para reafirmar el yo no necesitamos admiración de los demás, busca alternativas para encontrarte a ti mismo que se basen en el desarrollo, la reflexión, etc.

2.  Desarrolla tu autoconcepto, se trata de conocerte tal y como eres, con tus puntos fuertes y los débiles, y aprender a aceptarlos y quererlos. Para ello piensa que al igual que aceptas a los demás con sus defectos puedes hacerlo contigo.

3.  Olvídate de compararte con los demás y aléjate de la búsqueda de admiración. Es cierto que a todos nos gusta que nos admiren y por eso nos enganchamos a esas reacciones, pero recuerda que no lo necesitas.

4.  Aléjate de aquellos que tratan de comparase constantemente o pretenden admiración continua.

Celia Rodríguez Ruiz. Psicóloga clínica sanitaria. Especialista en pedagogía y psicología infantojuvenil. Directora de Educa y Aprende. Autora de la colección Estimular los Procesos de lectura y escritura.

fuente: hacerfamilia

¿Sabes cómo hablar a tu hijo para hacerle sentir responsable de su aprendizaje?

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Con la mejor intención, la de que nuestros hijos saquen con éxito sus estudios, les decimos frases que tratan de motivarlo a estudiar a base de hacerles sentir culpables, a través de lenguaje controlador.

Son frases como estas:

  • Cada trimestre lo mismo. Con profesor particular, con mi ayuda… ¡Ya no sabemos qué hacer para que apruebes!
  • ¿Solo un aprobado? ¡Con lo que hemos trabajado! ¿Qué has hecho para sacar esto?
  • Tu padre y yo nos pasamos el día trabajando para que estudies y tengas un futuro. ¿Y qué obtenemos a cambio? ¡Ponte a trabajar a hora mismo!

¿Qué consigues?


Que tu hijo entienda que debe estudiar porque tú así lo quieres. Porque de no hacerlo perderá privilegios. Estudia por tu bien, no por el suyo propio. Puedes tener razón en sus suspensos, en que no estudia lo que debe, en que no cumple objetivos pero, si quieres que realmente reaccione y quiera cambiar, debes decírselo de otra manera. Utiliza un lenguaje capacitador.

¿En qué consiste el lenguaje capacitador?


Nuestro poder educativo está en las palabras. No va a reaccionar si le obligas a hacerlo. Reaccionará mientras sienta vuestros reproches, vuestra presión o vuestras amenazas pero tarde o temprano dejará de intentarlo.

El lenguaje que insta a reaccionar es el lenguaje que fomenta la autonomía. Es el lenguaje que le hace sentir que elije; el que reconoce que es él, y no nosotros, el responsable de su aprendizaje.

Los psicólogos Cheryl Flink, Ann K. Boggiano, y Marty Barrett, de la Universidad de Colorado demostraron ya en 1990 que la forma de dar las instrucciones influye en el rendimiento de las personas, mucho más de niños y adolescentes.
Pasaron un examen estandarizado a 267 universitarios a los cuales se les había enseñado las mismas estrategias para solucionar problemas. A la mitad de los alumnos sus profesores les presionaron para maximizar el nivel de rendimiento y les obligaron a emplear una estrategia determinada. A la otra mitad, sus profesores no les presionaron y les dieron libertad de elección. El segundo grupo resolvió más problemas que el primero y con más calidad porque su sentimiento de autodeterminación les permitió pensar de forma alternativa y flexible, fomentando la automotivación intrínseca y el rendimiento.

De la misma forma, cuando utilizas con tus hijos un lenguaje capacitador, lejos del control y la culpa, sienten que tienen la posibilidad de elección, asumiendo su parte de responsabilidad en su proceso de aprendizaje, vinculándose al mismo y autodeterminándose. De hecho, cuando utilizas este lenguaje estás mediando su sentimiento de competencia, con todo lo que ello comporta.

¿Cómo hablar a nuestros hijos con un lenguaje capacitador?


No es suficiente con que tu hijo sepa que es responsable de su rendimiento. El objetivo de este lenguaje es que le demuestres a tu hijo que reconoces que él es el responsable de su aprendizaje:

  • Este primer trimestre no ha ido tan bien como esperabas, ¿verdad? Cuál crees que ha sido el problema? (Para detectar errores)
  • ¿Estás de acuerdo en que el móvil ha sido un factor importante en los suspensos? (Para detectar errores)
  • ¿Qué te parece la proporción de tiempo que has empleado en divertirte y la que has empleado en estudiar? (Para que cambie su organización)
  • ¿Piensas que puede ser una buena idea dejar el móvil fuera de la habitación a la hora de estudiar?(Para que se comprometa))
  • Si lo que quieres es recuperar esa asignatura el trimestre que viene, qué crees que debes hacer? ¿No te convendría matricularte en las clases de refuerzo del colegio? (Para que se sienta responsable de su aprendizaje)
  • Veo que te cuesta planificar tu horario. Si me necesitas, me avisas. (Para que trate de organizarse solo)
  • El sábado estaremos todo el día fuera, ¿recuerdas? (Para que recuerde que debe planificar de manera diferente sus deberes)
  • ¿Crees que habrás acabado tus deberes cuando yo vuelva del supermercado? (Le animas a ponerse una hora límite)
  • A mí me funcionaban las estrategias nemotécnicas. Cuando quieras, te explico algunas. (Le proporcionas información objetiva sin decirle lo que debe hacer)

En definitiva, para que nuestros hijos se impliquen en su proceso de aprendizaje debemos darles los recursos necesarios (técnicas de estudio, información…) y hacerles las preguntas oportunas para que sientan autónomos y responsables del mismo. Por nuestra parte, supervisión, motivación, recursos, acompañamiento y ayuda. El control es cosa de él.

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos