¿Son buenas las mascotas para los niños?

La pregunta del millón. ¿Son buenas las mascotas para los niños? No me atrevo a posicionarme. Os lo diré dentro de unos cuantos post, porque por ahora estamos “experimentando” con Jingle, una simpática “conejita enana super toy” que Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente dejaron junto a la fila de pequeños zapatos alineados en nuestro salón.

Sobre la presencia de mascotas en la familia, mascotas y niños, mascotas y adultos, mascotas y pisos, y casas con jardín, tipos de mascotas, la mejor mascota, la mascota ideal hay tanto escrito que ni con tres vidas tendría tiempo de leerlo todo. Lo de tener mascota depende, básicamente, de lo que cada cual quiera, crea y pueda. Pero lo que es seguro es que hay que ser muy responsables cuando tomamos la decisión de permitir que una entre en casa.

Nosotros hemos estado calibrando mucho tiempo los pros y los contras de tener una mascota. Hasta ahora, a pesar de las reiteradas caritas tristes de petición de un perrito, un lorito, un gatito, un pececito y demás animales a disposición en la tienda que hay cerca del centro comercial, no habíamos cedido por la sencilla razón de que no veíamos a nuestros hijos suficientemente ‘crecidos’, en el sentido literal del término, como para hacerse cargo de sus cuidados. Si aún no saben aclararse solos el pelo, si a duras penas llegan a los armarios de la cocina, ¿cómo les vamos a pedir que limpien la jaula? Y el problema es simple: si se habitúan a que lo hagamos los mayores, es bastante más difícil que acaben por ocuparse ellos; aunque no imposible, imposible no hay nada.

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Tras mucho meditar, creímos que esta Navidad era el momento adecuado para escribir carta con destino al Lejano Oriente. Quiero ver yo cómo va la vida de Jingle y la nuestra cuando se nos pase un poco el espejismo del primer momento, pero tengo que reconocer que estoy encantada con la coordinación y el cumplimiento de tareas que están haciendo los niños.

Elaboramos juntos una lista de lo que había que hacer y entre ellos se repartieron cada punto en función de sus capacidades.

Ya llevamos un cambio de jaula, muchas comidas, labores de vigilancia, reposición de heno y agua, cuidado de la madriguera, ratos de juego y marcha todo a pedir de boca. Estoy viendo en mis hijos algunas actitudes que difícilmente había percibido hasta ahora. Creo que la clave está en que no van “a remolque” de lo que yo indico -“prepara la ropa”, “estudia”, “pon la mesa”- sino que aquí ellos son los ‘adultos’ frente al gazapito recién llegado, que necesita de su buena disposición para vivir tan a gusto.

La aventura de Jingle en nuestra casa no ha hecho más que empezar, pero por ahora estamos encantados porque los Reyes Magos nos han traído algo más que una mascota: nos han traído buenos hábitos para los niños revestidos de grandes dosis de felicidad.

Fuente: www.hacerfamila.com
María Solano Altaba

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Publicado el 14 enero, 2016 en Familia y etiquetado en . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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